martes, 26 de abril de 2016

LEGALIZACIÓN (16/10/2015)

Al parecer, la marihuana va a dejar de ser muy pronto un producto lúdico-subversivo y una estupenda fuente de inspiración para canciones ska-punk y para todo tipo de merchandising donde figuren las famosas hojitas que parecen ortigas pero que en realidad te provocan muchas ganas de reír cuando las fumas. También, una fabulosa fuente de ingresos para los delincuentes. La última noticia es que México acaba de legalizar su cultivo, transporte y cultivo con fines recreativos, y que California, el gran estado norteamericano vecino, está a punto de hacerlo. Mientras tanto, aquí en Europa, cada país sigue su propia política, a menudo completamente contradictoria: Holanda permite la venta y el consumo limitados a los famosos “coffee-shops”, mientras que en Noruega o Suecia fumar marihuana es un delito mayor. El gran problema del legislador, más allá de esta falta de coordinación entre países, es que las políticas de represión del consumo son cada vez menos creíbles. No tiene sentido perseguir implacablemente a la marihuana y al hachís y, al mismo tiempo, ser completamente permisivo con el alcohol de alta graduación, una bebida con unos efectos potencialmente más dañinos para la salud. Otro de los argumentos que se ha manejado a menudo es el de la relación directa entre delincuencia y tráfico de drogas. Despenalizadas éstas, descenderían drásticamente los índices de criminalidad. Personalmente, esto me parece mucho más dudoso. ¿Qué harán los narcotraficantes de marihuana cuando se queden sin negocio? ¿Apuntarse al paro? ¿Hacer cursos de fontanería? Me temo que cambiarán esa sustancia por otra cuyo tráfico sea, como mínimo, tan ilegal y lucrativo. Veremos hacia dónde van los tiros por aquí. De momento, ya saben lo que dicen las etiquetas: consuman con moderación.

EL CARRUSEL (23/10/2015)

En el carrusel de la política, un día eres el hombre de moda y al siguiente eres el guiñol al que todos pegan con el garrote con cualquier excusa. Que se lo digan a Pablo Iglesias. Hace unos meses se comía el mundo con patatas y hoy su coleta parece un postizo barato, a su espalda le ha salido chepa, y su estado de ánimo se define como “cansado”. Las encuestas decían que Podemos era la primera fuerza política de España y su líder se lo creyó. Hoy, recostado en el diván de algún especialista, se pregunta qué hizo mal. El carrusel también ha girado para Mariano Rajoy. Del balcón de Génova, en loor de multitudes peperas, ha caído al sótano de la impopularidad, a las catacumbas sombrías donde se agazapa Bruto, daga en mano, dispuesto a hundirla en los intestinos gallegos del presidente. Y qué me dicen de Pedro “Ken” Sánchez. ¿Alguien sabe si este hombre se ha dado un golpe con el quicio de una puerta recientemente? El fichaje de Irene Lozano, fallida aspirante a la dirección de UPyD, el partido favorito de las elecciones al inframundo, ¿no es el peor movimiento estratégico de un político español en los últimos 150 años? Y ya que hablamos del partido rosa, el carrusel de Rosa Díez ha girado con tanta fuerza que en estos momentos debe estar a punto de abandonar el sistema solar. Y falta Albert Rivera. A él los dioses le han tocado con la varita, y su estrella brilla hoy como ninguna otra en el firmamento político español. Joven, renovador, dialogante, convincente… Venga ya. Algo tendrá que tener. Sus enemigos, la esperanza de que un día se atasque en una frase y no sepa cómo continuar. Que no pasen pena. El carrusel girará también para él y un día será comida para los buitres. Como no es un advenedizo, es probable que ya lo sepa. Mientras tanto, se conforma con ser el próximo presidente del gobierno.

ANIMALISMO (09/10/2015)

A la fiesta de los toros le ha llegado su hora. Súbitamente, sin grandes debates ni reflexiones – así somos los españoles, para bien y para mal – la tauromaquia ha dejado de ser un arte de hondas raíces culturales y estéticas, para convertirse en una una salvajada impropia de países civilizados. Creo que el pensamiento animalista ha prosperado extraordinariamente gracias a las redes sociales, convertidas en una gran plaza pública donde sus tesis se defienden con fiereza – a menudo, también, con notable agresividad – y en la que hay que ser un valiente para echarse al ruedo a defender cualquier otro punto de vista que no sea la defensa a ultranza del animal: toro, perro, gato o primate. Que el lector no vea ni un asomo de ironía, por favor. Como cualquier persona sensible y con dos dedos de frente, pienso que la mejora en el trato que dispensamos a los animales es una de las muestras más evidentes de nuestro progreso como especie, en un sentido moral y filosófico. Por esta razón, hace años que sé que las corridas de toros desaparecerán, más pronto que tarde, porque dejarán de ser compatibles con la nueva sensibilidad. Ahora bien, mi animalismo se parece muy poco al que veo a menudo en facebook o twitter. Porque muchas veces no dice, o no entiende, la verdad. El taurino no es una persona morbosa, que disfrute contemplando el dolor del animal. Porque la esencia de los toros no reside en la violencia o en la crueldad, aunque pueda ser considerado un espectáculo cruel. El aficionado admira al toro bravo, ¡lo idolatra!, y el antitaurino que no entienda esto, no sabe a lo que se enfrenta. Hace años que no piso una plaza y quizá nunca vuelva a hacerlo. Pero que no cuenten conmigo para ilegalizar los toros, perseguirlos o convertir a sus partidarios en una panda de desalmados.

viernes, 18 de diciembre de 2015

LENTEJAS (18/12/2015)

El próximo domingo, los españoles elegimos a nuestros representantes políticos en el parlamento de la nación y, al mismo tiempo, decidimos sobre el futuro de unos cuantos cientos de compatriotas que aspiran a ganarse la vida en la profesión política. Es decir, que además de los ideales, están en juego las lentejas. Como somos un país de tradición católica en el que hablar de dinero está mal visto, tendemos a olvidar esta prosaica realidad que, en ocasiones, ayuda a explicar algunos comportamientos que juzgamos desvergonzados o directamente deshonestos. En estos días, circulaba por las redes sociales un vídeo en el que Toni Cantó, por entonces conspicuo militante de UPyD, ponía de vuelta y media a los que abandonaban su partido para unirse a Ciudadanos. “A mí estos cambios me producen cierto pudor. Me costaría hacer una cosa así.”, decía entonces el conocido actor, hoy número dos por Valencia en las listas del partido de Albert Rivera. No es mi intención atacar a Toni Cantó, ni dejarle en evidencia. Me limito a constatar que el factor económico, un magnífico sueldo durante cuatro años y quién sabe si más, es un argumento tan poderoso como la ideología. Por otro lado, no me cuesta demasiado ponerme en el pellejo de un artista como Cantó, porque conozco bien la desagradable incertidumbre que jamás abandona a los de su condición y que te hace preguntarte de qué vas a comer pasado mañana. Por tanto, antes de lanzarme a la yugular, encuentro más honesto preguntarme: ¿sería yo capaz de hacerlo? Humm… veamos: lentejas aseguradas para una década, una profesión interesante, mis padres, al fin orgullosos de su hijo, mi mujer, mucho más comprensiva con mi falta de puntería en el retrete… Vaya dilema. Menos mal que nadie me lo ha propuesto. Porque se me iba a caer la cara de vergüenza.

viernes, 11 de diciembre de 2015

EL TIEMPO DE LOS DESENGAÑOS (11/12/2015)

Los líderes políticos son como los entrenadores de fútbol: disfrutan de momentos de gloria, pero a todos sin excepción les llega la caída. En el caso de una actividad tan poco sofisticada como el fútbol, el azar interviene para que tarde o temprano se dé la combinación fatal de resultados que lleven a la destitución del entrenador. En el caso de la política, el problema reside en una falsa ilusión que se repite una y otra vez. El ciudadano cree que los políticos pueden - ¡y deben! – hacer que desempleo baje, los sueldos suban, los precios bajen, los servicios sociales lo cubran todo, y que la sanidad y la educación sean gratuitas, universales y de alta calidad. Una tarea titánica y, por desgracia, irrealizable. Fatídicamente, la ilusión por todos los proyectos políticos renovadores acaba desvaneciéndose y sus líderes arrinconados en alguna sinecura oficial, desprestigiados y viviendo de la gloria pasada. Cualquier político profesional conoce este destino, pero el ansia de poder es más fuerte. Su mayor irresponsabilidad consiste en hacer promesas que no podrán cumplir – obviamente, para lograr los votos necesarios - en lugar de plantear los problemas de una forma más realista. Por ejemplo, reconociendo que para que una sociedad mejore, sea más productiva y más pacífica, se requiere el esfuerzo individual de cada uno de sus miembros. Que el político puede crear las condiciones que favorezcan la prosperidad, la justicia social o la igualdad de oportunidades, pero jamás podrá por sí solo conseguirme trabajo, dar un giro a mi negocio o mejorar mi formación. Todo esto lo tendré que hacer yo, y esa será mi responsabilidad. Lógicamente, este discurso no existe, y menos aún en estos días. Hoy los políticos prometen y los votantes nos ilusionamos. En el fondo, la campaña electoral es una fiesta. Disfrutémosla. Ya llegará el tiempo de los desengaños.

lunes, 7 de diciembre de 2015

BERTÍN (05/12/2015)

La presencia de Pedro Sánchez y Mariano Rajoy en el programa de entrevistas “En tu casa o en la mía” ha sido el espaldarazo definitivo a su éxito. Bertín Osborne es el hombre de moda. Los directivos de las cadenas se preguntan cómo podrían repetir el milagro de un 24% de share con un producto tan barato. Los políticos de segunda fila maquinan para que el jerezano les invite, y que toda España vea lo divertidos que son después de tomarse un par de vinos. La progresía patria, que le tiene bastante tirria por aquello del señorito andaluz y el apellido pijo, se devana los sesos para no desgastar demasiado las palabras “caspa” y “rancio”, que les son tan queridas. Sospecho que a Bertín estas críticas le traen al pairo. Después de recorrerse los escenarios de toda España durante casi 40 años como el latin lover nacional, ha acumulado la experiencia suficiente para saber que es imposible gustar a todo el mundo y que el éxito siempre granjea enemigos, aunque seas el tipo más simpático del mundo. Y luego está el casoplón, la guapa mujer venezolana, sus hijas estupendas, el metro noventa, la sonrisa de pícaro conquistador... Los motivos para despertar envidia se le amontonan. Personalmente, no me cuesta nada alegrarme de su éxito. Por encima de sus cualidades musicales, que tampoco desdeño, o de su porte de galán clásico, siempre he valorado su personalidad. Bertín es un tipo que no se esconde, que dice lo que piensa y que no va por ahí criticando al personal. Cuando en la vida le han venido mal dadas -en ese justo momento en que se sabe de qué pasta está hecho cada uno- ha sido coherente y ha plantado cara. Lo demostró en uno de los episodios de su programa, cuando apareció junto su hijo, afectado de una grave enfermedad. Lo hizo con naturalidad. Con valentía y sin alardes. Como lo hacen las personas de bien.     

domingo, 29 de noviembre de 2015

CULTURA (27/11/2015)

El mejor antídoto contra la violencia es la cultura. Una de las causas más probables de la desaparición del espíritu guerrero en las sociedades europeas fue la generalización de la cultura. El cultivo de las artes dejó de ser un monopolio de las élites y, casi al tiempo, a los jóvenes europeos se les enfrió el ardor patriótico y dejaron de considerar a la guerra como una actividad honorable y propia de caballeros. Desgraciadamente, el conflicto sirio - por poner un ejemplo de dramática actualidad - no se arregla con exposiciones de arte contemporáneo o cursos de escritura creativa. La cultura es una planta de crecimiento lento y solo se desarrolla en un ambiente propicio, empapado de libertad y tolerancia. Eso es algo que sabe muy bien alguien como Daniel Barenboim. El afamado director de orquesta lleva años utilizando la música para acercar a jóvenes israelíes y palestinos, inyectando una dosis de cultura en el corazón de uno de los conflictos políticos más enconados de todos los tiempos. Aparentemente, una gota en el océano; en una realidad más profunda, una apuesta por la paz con repercusiones insospechadas. Esta semana, el conservatorio de Alcañiz acoge a un grupo de estudiantes suizos en el marco de un intercambio cultural con el conservatorio de Ginebra. Afortunadamente, las relaciones entre el Bajo Aragón y el cantón ginebrino no pueden ser más pacíficas. Sin embargo, eso no resta valor a la iniciativa. A buen seguro, la experiencia de convivencia entre suizos y alcañizanos será enriquecedora y dejará una huella imborrable en unos y en otros. Cultura de paz, en definitiva. El viernes por la tarde, además, un magnífico concierto en el teatro de Alcañiz. Por una bendita casualidad, mi sobrino Julio, alumno del conservatorio de Ginebra, formará parte de la orquesta. Comprenderán que no pienso perdérmelo.