El próximo domingo, los españoles elegimos a nuestros representantes
políticos en el parlamento de la nación y, al mismo tiempo, decidimos sobre el
futuro de unos cuantos cientos de compatriotas que aspiran a ganarse la vida en
la profesión política. Es decir, que además de los ideales, están en juego las
lentejas. Como somos un país de tradición católica en el que hablar de dinero
está mal visto, tendemos a olvidar esta prosaica realidad que, en ocasiones,
ayuda a explicar algunos comportamientos que juzgamos desvergonzados o
directamente deshonestos. En estos días, circulaba por las redes sociales un
vídeo en el que Toni Cantó, por entonces conspicuo militante de UPyD, ponía de
vuelta y media a los que abandonaban su partido para unirse a Ciudadanos. “A mí
estos cambios me producen cierto pudor. Me costaría hacer una cosa así.”, decía
entonces el conocido actor, hoy número dos por Valencia en las listas del
partido de Albert Rivera. No es mi intención atacar a Toni Cantó, ni dejarle en
evidencia. Me limito a constatar que el factor económico, un magnífico sueldo
durante cuatro años y quién sabe si más, es un argumento tan poderoso como la
ideología. Por otro lado, no me cuesta demasiado ponerme en el pellejo de un
artista como Cantó, porque conozco bien la desagradable incertidumbre que jamás
abandona a los de su condición y que te hace preguntarte de qué vas a comer
pasado mañana. Por tanto, antes de lanzarme a la yugular, encuentro más honesto
preguntarme: ¿sería yo capaz de hacerlo? Humm… veamos: lentejas aseguradas para
una década, una profesión interesante, mis padres, al fin orgullosos de su
hijo, mi mujer, mucho más comprensiva con mi falta de puntería en el retrete…
Vaya dilema. Menos mal que nadie me lo ha propuesto. Porque se me iba a caer la
cara de vergüenza.
viernes, 18 de diciembre de 2015
viernes, 11 de diciembre de 2015
EL TIEMPO DE LOS DESENGAÑOS (11/12/2015)
Los líderes
políticos son como los entrenadores de fútbol: disfrutan de momentos de gloria,
pero a todos sin excepción les llega la caída. En el caso de una actividad tan
poco sofisticada como el fútbol, el azar interviene para que tarde o temprano
se dé la combinación fatal de resultados que lleven a la destitución del
entrenador. En el caso de la política, el problema reside en una falsa ilusión
que se repite una y otra vez. El ciudadano cree que los políticos pueden - ¡y
deben! – hacer que desempleo baje, los sueldos suban, los precios bajen, los
servicios sociales lo cubran todo, y que la sanidad y la educación sean
gratuitas, universales y de alta calidad. Una tarea titánica y, por desgracia,
irrealizable. Fatídicamente, la ilusión por todos los proyectos políticos
renovadores acaba desvaneciéndose y sus líderes arrinconados en alguna sinecura
oficial, desprestigiados y viviendo de la gloria pasada. Cualquier político
profesional conoce este destino, pero el ansia de poder es más fuerte. Su mayor
irresponsabilidad consiste en hacer promesas que no podrán cumplir –
obviamente, para lograr los votos necesarios - en lugar de plantear los
problemas de una forma más realista. Por ejemplo, reconociendo que para que una
sociedad mejore, sea más productiva y más pacífica, se requiere el esfuerzo
individual de cada uno de sus miembros. Que el político puede crear las
condiciones que favorezcan la prosperidad, la justicia social o la igualdad de
oportunidades, pero jamás podrá por sí solo conseguirme trabajo, dar un giro a
mi negocio o mejorar mi formación. Todo esto lo tendré que hacer yo, y esa será
mi responsabilidad. Lógicamente, este discurso no existe, y menos aún en estos
días. Hoy los políticos prometen y los votantes nos ilusionamos. En el fondo,
la campaña electoral es una fiesta. Disfrutémosla. Ya llegará el tiempo de los
desengaños.
lunes, 7 de diciembre de 2015
BERTÍN (05/12/2015)
La presencia de Pedro Sánchez y Mariano Rajoy en el programa de
entrevistas “En tu casa o en la mía” ha sido el espaldarazo definitivo a su
éxito. Bertín Osborne es el hombre de moda. Los directivos de las cadenas se preguntan
cómo podrían repetir el milagro de un 24% de share con un producto tan barato.
Los políticos de segunda fila maquinan para que el jerezano les invite, y que
toda España vea lo divertidos que son después de tomarse un par de vinos. La progresía
patria, que le tiene bastante tirria por aquello del señorito andaluz y el
apellido pijo, se devana los sesos para no desgastar demasiado las palabras
“caspa” y “rancio”, que les son tan queridas. Sospecho que a Bertín estas
críticas le traen al pairo. Después de recorrerse los escenarios de toda España
durante casi 40 años como el latin lover nacional, ha acumulado la experiencia
suficiente para saber que es imposible gustar a todo el mundo y que el éxito
siempre granjea enemigos, aunque seas el tipo más simpático del mundo. Y luego
está el casoplón, la guapa mujer venezolana, sus hijas estupendas, el metro
noventa, la sonrisa de pícaro conquistador... Los motivos para despertar
envidia se le amontonan. Personalmente, no me cuesta nada alegrarme de su
éxito. Por encima de sus cualidades musicales, que tampoco desdeño, o de su porte
de galán clásico, siempre he valorado su personalidad. Bertín es un tipo que no
se esconde, que dice lo que piensa y que no va por ahí criticando al personal.
Cuando en la vida le han venido mal dadas -en ese justo momento en que se sabe
de qué pasta está hecho cada uno- ha sido coherente y ha plantado cara. Lo
demostró en uno de los episodios de su programa, cuando apareció junto su hijo,
afectado de una grave enfermedad. Lo hizo con naturalidad. Con valentía y sin
alardes. Como lo hacen las personas de bien.
domingo, 29 de noviembre de 2015
CULTURA (27/11/2015)
El mejor antídoto contra la violencia es la cultura. Una de las causas
más probables de la desaparición del espíritu guerrero en las sociedades
europeas fue la generalización de la cultura. El cultivo de las artes dejó de
ser un monopolio de las élites y, casi al tiempo, a los jóvenes europeos se les
enfrió el ardor patriótico y dejaron de considerar a la guerra como una
actividad honorable y propia de caballeros. Desgraciadamente, el conflicto
sirio - por poner un ejemplo de dramática actualidad - no se arregla con
exposiciones de arte contemporáneo o cursos de escritura creativa. La cultura
es una planta de crecimiento lento y solo se desarrolla en un ambiente
propicio, empapado de libertad y tolerancia. Eso es algo que sabe muy bien
alguien como Daniel Barenboim. El afamado director de orquesta lleva años
utilizando la música para acercar a jóvenes israelíes y palestinos, inyectando
una dosis de cultura en el corazón de uno de los conflictos políticos más enconados
de todos los tiempos. Aparentemente, una gota en el océano; en una realidad más
profunda, una apuesta por la paz con repercusiones insospechadas. Esta semana,
el conservatorio de Alcañiz acoge a un grupo de estudiantes suizos en el marco
de un intercambio cultural con el conservatorio de Ginebra. Afortunadamente,
las relaciones entre el Bajo Aragón y el cantón ginebrino no pueden ser más
pacíficas. Sin embargo, eso no resta valor a la iniciativa. A buen seguro, la
experiencia de convivencia entre suizos y alcañizanos será enriquecedora y
dejará una huella imborrable en unos y en otros. Cultura de paz, en definitiva.
El viernes por la tarde, además, un magnífico concierto en el teatro de
Alcañiz. Por una bendita casualidad, mi sobrino Julio, alumno del conservatorio
de Ginebra, formará parte de la orquesta. Comprenderán que no pienso
perdérmelo.
jueves, 19 de noviembre de 2015
EUROPA EXISTE (20/11/2015)
Quizá no tengamos la autoestima de los americanos o las ganas de
trabajar de los chinos, pero los europeos somos cada día más fuertes porque
estamos unidos. Alguno arqueará las cejas al leer esta sentencia tan optimista
y no es extraño: en los últimos tiempos, los europeos le hemos cogido gusto a
sacudirnos con el cilicio, como hacía el malo de El código Da Vinci, para
mortificarnos con la flojedad de nuestras instituciones comunitarias y con
todas esas monsergas del gigante económico y el enano político, que son como un
grano supurante que nos gusta pinzar con las uñas de vez en cuando por el gusto
que da. No, señoras y señores, Europa está cambiando. Los millones de euros
gastados en redes transfronterizas – ferrocarriles, carreteras y túneles que
desafían a la todopoderosa naturaleza -, en becas Erasmus que mestizan
culturalmente – y a menudo también biológicamente – a nuestros jóvenes
universitarios, y en subvenciones a aerolíneas low-cost que hacen posible que hasta
el tipo más soso y cerril se haya hecho una foto delante de la torre Eiffel, el
foro romano o el Big Ben, no se han ido por el desagüe sin dejar un poso que
ahora se demuestra más profundo de lo que pensábamos. Los salvajes ataques
terroristas de París de la semana pasada nos han enseñado más sobre nuestra
condición de europeos que todas las campañas institucionales y elecciones
habidas y por haber. Es la amarga lección que dejan las guerras. Todos somos
Francia. Todos estamos junto a los que cayeron acribillados en los bulevares de
París, porque ellos también somos nosotros. El estadio londinense de Wembley se
vistió ayer con la tricolor y 90.000 gargantas entonaron la Marsellesa. Si
Churchill o Monnet levantaran la cabeza, se pincharían hasta convencerse de que
no es un sueño. Europa existe. Vive l´Europe!
LA HAS CAGADO, WILLY (16/10/2015)
Comienzo estas líneas con el decidido propósito de poner la otra
mejilla, como dijo otro famoso provocador hace algunos milenios. La verdad es
que no lo has puesto fácil. Con tus recientes exabruptos has cabreado a tanta
gente, que casi no nos queda mejilla que poner. A diferencia de ti, yo no voy a
recurrir al insulto ni te voy a faltar al respeto; no me apetece sacrificar mis
razones – que lógicamente aprecio mucho, porque para eso son las mías – en
favor de un desahogo fugaz que acabaría dejándome insatisfecho. Tampoco voy a
caer de negar tu pasado diciendo que solo has sido un actorcillo mediocre y
frustrado. Porque no es verdad. Guillermo Toledo ha sido un actor de comedia
notable, y yo lo he visto defendiendo y levantando textos medianos o mediocres
con su gracia y su talento, que eran indiscutibles. Creo que eso no volverá a
ocurrir. Cuando te cagas en los sentimientos de tus conciudadanos, cuando los
insultas al defender tus ideas políticas, estás muriendo poco a poco como
artista. Me parece muy bien que seas ateo, revolucionario, libertario,
castrista o kropotkista; lo respeto. Pero eso no te da ningún derecho a cagarte
en la Virgen del Pilar, ofendiendo innecesariamente a cientos de miles de
personas que nunca te hicieron daño, y para quienes esa “figurita de madera”,
como tú la llamas, significa mucho. Dices que te opones a que el espacio
público sea ocupado por celebraciones y supersticiones. ¿No crees que eso
correspondería a los zaragozanos decidirlo? También reconoces que ignoras el
significado profundo de la Virgen del Pilar en Zaragoza. En eso aciertas de
pleno. Porque la has cagado, Willy. Me temo que para volver a pisar la ciudad tendrás
que venir escoltado o disfrazado. En otro caso, no te olvides el traje de buzo.
Porque acabarás en el Ebro haciendo compañía a los mejillones.
viernes, 2 de octubre de 2015
LA PROMESA (02/10/2015)
Hoy he prometido a Charito, con la que me casé hace ocho años en el
castillo calatravo de Alcañiz, socia de mi productora Albella Audiovisual y
editora del blog hombredelfaro.blogspot.com, donde se pueden consultar las 482
columnas que, hasta hoy, este humilde servidor ha escrito para este bendito
periódico, que no hablaría de cierta región del noreste de España donde se
localiza un proceloso conflicto político que amenaza con agotar las reservas de
paciencia del personal… Toma ya: he homenajeado a mi mujer, he alardeado de
alcañicismo, me he hecho publicidad y he utilizado la palabra “proceloso”, todo
en una sola frase. Por cierto, 483 columnas ya. Cuando lleguen al medio millar organizaré
una fiesta muy fina e invitaré a mis lectores a una copa de cava turolense, no
de esa región levantisca de cuyo nombre no quiero acordarme. Y luego está el
asunto de la Volkswagen. He acudido al concesionario con mi Passat tuneado de
segunda mano y me han dicho que no, que no me dan un coche nuevo. Que las
emisiones de mi coche son como las de los coches históricos, que contaminan un
huevo pero no pasa nada porque son muy pintorescos. Como me ha sonado a chunga,
les he dicho que no sabían con quién estaban hablando. Efectivamente, me han
contestado que no lo sabían. Lo voy a dejar pasar. Lo que verdaderamente me
preocupa es que el gobierno ha decidido que los bebés deben ir en los coches
con sus sillitas mirando al asiento de atrás. ¿Cómo demonios va a verme mi hijo
conducir? ¿Cómo voy a ganarme su admiración? A lo mejor se piensa que el Passat
tuneado es un coche futurista que se conduce solo y lo va diciendo por ahí… Hoy
he prometido que no hablaría de ese proyectito de país y lo he cumplido. Eso
sí, de mi confusión mental no me hago responsable. Vayan a reclamar al maestro
armero.
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