viernes, 24 de junio de 2016

OPINADORES (24/06/2016)

Este bendito periódico tiene la sana costumbre de separar a sus “opinadores” por categorías – opinión política y opinión independiente - para orientar al lector sobre las lealtades del que escribe o su presunta independencia. Parece bastante razonable: un columnista que milita en un partido político no solo tiene un compromiso con sus lectores; lo tiene también con sus conmilitones, a quienes no puede traicionar expresando opiniones contrarias a la doctrina oficial del partido y a los que debe una conducta activa en la propagación de sus tesis. Ahora bien, los que ostentamos la bonita etiqueta de “independientes” tampoco estamos exentos de obligaciones. La primera y más evidente, para hacer honor al título, es la de no utilizar el sagrado espacio periodístico para hacer apología de un partido político. Esto no significa que los columnistas debamos ser políticamente indiferentes o que el día de las votaciones, a semejanza de la familia real, tengamos que quedarnos en casa. Todo lo contrario. Creo que para poder opinar hay que tener ideas políticas bien asentadas y, sobra decirlo, acudir a las urnas religiosamente. Lo que sí debe exigirse a un articulista es tolerancia y altura moral; humildad para admitir que el que no piensa como nosotros también podría tener razón. Hay pocos espectáculos menos edificantes en el mundo del periodismo que el de un profesional sectario, entregado a la defensa agresiva y destemplada de un partido político con el que se ha identificado tanto, que ha acabado por amputarse él mismo su propia independencia. Opinar en un medio público conlleva una responsabilidad. Prometo a mis queridos lectores estar siempre alerta y no caer en la tentación partidista. Esto es lo que hoy opino. El próximo 26 de junio, votaremos.

viernes, 17 de junio de 2016

INIESTA (17/06/2016)

Nunca se le ha visto saliendo de un night-club a altas horas de la madrugada. Jamás se ha quitado la camiseta ni tensado los músculos pectorales en público. Jamás ha criticado a un compañero, ni al entrenador, ni al utillero. Vive sobre un polvorín político-nacionalista – es jugador del Fútbol Club Barcelona – y el de Fuentealbilla, provincia de Albacete, nunca se ha hecho un lío con el asunto. Como todo el mundo sabe, Andrés Iniesta es un futbolista excepcional y uno de los tipos más queridos de España; junto a Pau Gasol y Rafael Nadal forman la Santísima Trinidad del deporte patrio, tan importante para la Marca España como el Museo del Prado o la tortilla de patatas. Y sin embargo, a pesar de un currículum deportivo tan excelso y de un comportamiento deportivo intachable, para Iniesta, los premios y reconocimientos casi siempre pasan de largo. El último ejemplo se ha dado en la Eurocopa que estos días se disputa en Francia: después de ser el mejor futbolista del partido que enfrentó a España y a la República Checa, su nombre no fue incluido en el once ideal de la primera jornada de la competición. ¿Por qué llamaría la atención su ausencia en un reconocimiento tan provisional como ese? Permítanme ser un poco vulgar: porque ya huele. Es muy posible que a Iniesta le falte ego, piel bronceada y melena al viento, y le sobre estilo y buena educación para ser una figura mediática en el deporte de brutos por antonomasia que es el fútbol. Debajo de esos cuatro pelos y alguna cana, sigue luciendo la cara de aquel niño que dejó su pueblo con doce años para mudarse a La Masía y perseguir un sueño que se ha hecho realidad. Un día glorioso sí pudo quitarse la camiseta delante de todo un estadio. Y en lugar de exhibir abdominales, honró la memoria de un amigo. Acababa de marcar el gol más importante de su vida.          

viernes, 10 de junio de 2016

BREXIT (10/06/2016)

Entre los partidarios de la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea se han disparado las alarmas. A solo dos semanas del referéndum, las encuestas reflejan un empate técnico y los proeuropeos, con el primer ministro David Cameron a la cabeza, se disponen a sacar toda la artillería argumental para tratar de convencer al ciudadano medio de la trascendencia del momento – para que vaya a votar – y de la importancia de seguir formando parte del proyecto continental. Fuera de Gran Bretaña, el asunto se observa con preocupación. No sé si al nivel de la calle, pero desde luego sí en las cancillerías. España, fiel a la tradición, va un poco por libre. En lo que respecta a la opinión pública, el personal ya está bastante entretenido con la contienda electoral más disputada de su historia democrática, y en cuanto al gobierno, lleva tantos meses en funciones que le ha cogido gusto a tomar cierta distancia de los problemas y a adoptar una actitud zen. Porque problema es, y de enormes proporciones. El “leaving” del Reino Unido supondría el golpe más importante a las relaciones diplomáticas europeas desde la II Guerra Mundial. Una perspectiva tan lamentable y retrógrada que hasta hace poco se consideraba imposible. ¿Cómo se concibe que una de las naciones más avanzadas del mundo pueda cometer un error histórico de tal magnitud? Porque cuando una potencia internacional se zambulle en la equivocación, lo hace con el mismo entusiasmo que aplica a sus mayores logros y las consecuencias suelen ser fatales. No hace falta cambiar de continente para encontrar otros ejemplos aún más sangrantes: Alemania, sin ir más lejos. Como en el caso del órdago escocés, yo confío en que el buen sentido se imponga y que la cosa se quede en un buen susto. Del que convendrá sacar las oportunas conclusiones.     

viernes, 3 de junio de 2016

LA NOCHE QUE FUI CASPOLINO (03/06/2016)

La Gala de los Bajoaragoneses, que organiza este bendito periódico y su grupo de comunicación, me motiva especialmente. En primer lugar, porque me parece justísimo que los hombres y mujeres que se dejan la piel cada día en esta empresa se den un homenaje una vez cada dos años. Y luego están los premiados. Después de conocerles le entran a uno ganas de fundar empresas, investigar enfermedades raras o correr maratones. Reconozco que para asistir a la gala debo vencer cierto grado de pereza social. Acudo solo y no conozco a casi nadie, y aquellos a los que conozco son los anfitriones que deben atender a los que no conozco. Conclusión: observo y escucho, más que hablo, lo que tampoco viene mal para aprender cosas nuevas y asimilarlas. A la hora de la cena ocupé el sitio que tenía asignado y no tardé en advertir que todos mis compañeros de mesa se conocían. ¡Eran todos de Caspe! Con naturalidad, sin ceremonias, antes de liquidar el primer entrante sentí que me habían adoptado y durante las dos horas siguientes experimenté una inmersión caspolina tan intensa, que si me hubieran puesto una pluma delante habría firmado el Compromiso allí mismo, sobre una servilleta. Hay que aclarar que el Caspe oficial - alcalde y autoridades - ocupaban una mesa contigua, más centrada y con mejores vistas. Mis compañeros de mesa – Javier, Juanjo, Antonio, Rosie, Manuel, Isaac y las dos Elenas – eran genuinos representantes del Caspe real: pequeños y medianos empresarios hechos a sí mismos, que levantan cada mañana la persiana de sus negocios conscientes de que solo resistir es un triunfo en un país como el nuestro, donde la iniciativa privada se mira a menudo con suspicacia. No fue el caso de aquella cena memorable, desde luego. Por una noche, todos sentimos orgullo por lo que hacíamos. La noche que fui caspolino.

viernes, 27 de mayo de 2016

NARCISOS (27/05/2016)

Cuenta la fábula que Narciso se enamoró de su propia imagen reflejada en un estanque. Como no podía escapar al embrujo de ese amor imposible, acabó arrojándose a las aguas y murió ahogado. Narciso dio nombre a una flor, que dicen que surgió en aquel mismo lugar, pero también a un trastorno de la personalidad, el narcisismo, caracterizado por la desmesurada valoración de uno mismo, la falta de empatía y una insaciable necesidad de adulación y reconocimiento. Pese a todo, el narcisismo puede llegar a ser una condición indispensable en determinados oficios: si usted aspira a presidir el FMI, un país sudamericano con mucho petróleo y poco papel de wáter, o la parte septentrional de una península dividida por un paralelo y obsesionada con los misiles, más le vale ser un narcisista de narices. ¿Y para ser candidato a presidente del gobierno de España? Vamos a ver, mal no le vendrá. En cualquier caso, en asuntos de psicología, todo es cuestión de grados. En profesiones como la política, una cierta dosis de narcisismo, sin llegar a lo patológico, parece aconsejable; tan desastroso sería un imitador de Hugo Chávez como alguien demasiado apocado, que tuviera miedo de expresar su opinión en público. ¿Hasta dónde llega el narcisismo de su diputado o de su líder político favorito? Convendría tenerlo en cuenta. El problema, de cara a las próximas elecciones generales, es que las listas abiertas – el método más efectivo para expurgar candidatos indeseables – continúan siendo una quimera. En España se vota un paquete ideológico, unas siglas, que adjuntan una lista impuesta de diputados por provincia. Los Narcisos son expertos en hacerse un hueco en esas listas. Narciso deriva del griego “narkào”, narcótico, por el olor penetrante. Ser ujier del Congreso tiene que ser un oficio embriagador.

lunes, 23 de mayo de 2016

SACERDOTISAS (20/05/2016)

La palabra evoca mujeres malignas y voluptuosas, templos misteriosos iluminados con antorchas que nunca se apagan y, por supuesto, cultos paganos y equivocadísimos que con frecuencia exigen sacrificios humanos para saciar el apetito de los dioses. Reconozco que la visión es hollywoodiense, machista y, afortunadamente, pasada de moda. Sin embargo, es innegable que la participación de la mujer en la religión, en la católica, apostólica y romana en particular, continúa siendo un asunto controvertido y, en gran medida, todavía marcado por esa antiquísima tradición que durante milenios ha excluido a las mujeres del gobierno de los asuntos públicos, y que etiquetaba de pecaminosas a las que se atrevían a desafiar el orden establecido. La semana pasada, al mismísimo Papa se le ocurrió dar un golpecito en el avispero vaticano aludiendo al asunto, y el revuelo fue considerable. Poco importó que sus pretensiones fueran modestas: Francisco se mostró favorable a la creación de una comisión que estudiase el papel de la mujer en la Iglesia, con el horizonte de abrir el diaconado a las féminas. El diácono es un grado inferior al sacerdote, que puede presidir bodas, bautizos y funerales. Para los sectores más conservadores de la Iglesia, una propuesta inaceptable, por considerarla antesala de la aceptación del sacerdocio femenino. Jesucristo eligió solo a hombres para ser sus discípulos, argumentan. Un razonamiento tan poco consistente que, en pleno siglo XXI, roza lo deshonesto. ¿Qué haría Jesús, hoy, si volviera a presentarse en este mundo? ¿Elegiría solo a hombres? Resulta difícil de creer, a la vista de la evolución de la sociedad en el último siglo. Mientras tanto, la iglesia anglicana ordena mujeres sacerdotes, e incluso obispos, desde hace algunos años. Problema resuelto. Quizá la solución no sea tan complicada. 

viernes, 13 de mayo de 2016

PLANETAS (13/05/2016)

Hace unos años, los planetas situados fuera del sistema solar se descubrían de uno en uno y la noticia daba la vuelta al mundo con gran aparato pedagógico para ayudar al ciudadano corriente a comprender la trascendencia del hallazgo. Con el tiempo, el proceso se aceleró. Los descubrimientos de exoplanetas pasaron a ser de tres en tres y luego vinieron en paquetes de diez. El último comunicado de la NASA de esta misma semana, se descolgaba con la casi humorística cifra de 1.284 nuevos exoplanetas detectados, algunos de los cuales podrían albergar alguna forma de vida. Me temo que nuestro cerebro no está preparado para asumir estas infinitudes. La especie humana, como ninguna otra sobre la tierra, necesita certidumbres para poder soportar cada día la conciencia de su misma insignificancia, y todas estas magnitudes cósmicas no son de gran ayuda. Menos mal que la naturaleza, que es muy sabia cuando quiere, siempre se presta a echarnos una mano. Cada día, al caer el sol, nos proporciona la oscuridad necesaria para que la bóveda celeste revele toda su inmensidad, en un momento, además, propicio a la reflexión, al acabar las fatigas de la jornada, a las puertas del sueño reparador. El que no se haya preguntado por el sentido de la vida bajo un cielo cuajado de estrellas está más cerca del mundo vegetal que de la condición humana. El problema es que muchos de esos humanos hemos renunciado a esa lección astronómica y filosófica diaria, y vivimos mayoritariamente recluidos en grandes ciudades pobladas de farolas donde las estrellas hay que ponerlas con la imaginación. El día que nos visite el primer extraterrestre, habitante de exoplaneta, a más de uno nos va a coger con el paso cambiado. Este fin de semana me voy al pueblo. Necesito ver unos cuantos miles de estrellas.