Cuando a un paisano le van bien las cosas, no solo en su
tierra sino sobre todo lejos de ella, no es demasiado difícil alegrarse por su
éxito. Si, además, el reconocimiento a su trabajo viene de la capital, hasta el
más envidioso de sus vecinos lo celebrará. El triunfo de un compatriota también
es un poco nuestro, como si parte de su sabiduría o su genio fueran la
decantación de los talentos de todos los que crecimos cerca de él. A Luis
Sorando le van bien las cosas en la capital, aunque muy pocos aragoneses lo
sepan. No es de extrañar: Luis es director artístico y asesor histórico para
cine y televisión, un oficio bastante discreto y poco convencional. En su caso,
la fórmula del éxito es sencillísima; hacer de la obligación y la devoción una
misma cosa, echarle más horas que un reloj y, en su libérrima condición de
autónomo, saltarse cualquier frontera temporal de las que se usan comúnmente
para regular las relaciones laborales: día-noche, laborable-festivo. Vamos, que
si a alguien se le ocurre llamarle un domingo a las tres de la mañana, es
probable que lo encuentre puliendo una armadura medieval o construyendo una
réplica exacta de las cámaras que usaba Segundo de Chomón. Faena no le falta.
Actualmente trabaja en una película y asesora a la serie de TVE “Isabel” para
evitar gazapos que empañen su rigor histórico. Alguien estará pensando que su
labor consistirá en evitar que Fernando el Católico luzca un Viceroy en la
muñeca o que el cardenal Carrillo se tome unos huevos rotos para desayunar. No,
en ese telar se hila más fino. Luis corrige el guión para que a los reyes
católicos se les llame altezas reales y no majestades, para que la reina Isabel
luzca “rostrillo” y no vaya con los pelos al aire, o para que el cadáver de
Juana de Avis sea velado sobre un catafalco y no sobre la cama. Como debe ser.
Que sigan los éxitos, Luis.
viernes, 27 de septiembre de 2013
domingo, 22 de septiembre de 2013
TRAMPOSO, PERO SOLO UN POCO (20/09/2013)
Los humanos somos seres de una complejidad extraordinaria,
inteligentes, abiertos al cambio, irreductibles a un juicio definitivo. Si se
dan las circunstancias adecuadas, el criminal más despiadado puede convertirse
en un honrado ciudadano y el alumno más torpe de la clase en un Albert
Einstein. Sin embargo, por las mismas razones, parece deseable que para
gobernar esta sociedad llena de seres complejos, inteligentes y abiertos al
cambio, los elegidos sean personas más bien estables, que hayan alcanzado la
madurez intelectual y honestas a tiempo completo. Esto último es, con mucha
diferencia, lo más importante. Un dirigente puede cometer un error, pero no
puede permitirse un solo desliz en el terreno de los principios éticos. No
puede ser corrupto, pero solo un poco; no puede mentir, aunque solo sea de vez
en cuando; no puede hacer trampas en días alternos. La consecuencia de
cualquiera de estos actos debería ser inexorable: el abandono del cargo. En las
democracias consolidadas, la presión social o la propia vergüenza del afectado
suelen bastar para que éste presente la dimisión. En las democracias por
consolidar, y desgraciadamente la española es una de ellas, las cosas funcionan
de otra manera. El primer impulso del tramposo siempre es negar y el de sus
conmilitones arroparle. Poco importa que esté en juego el prestigio de
instituciones fundamentales del Estado, como el Tribunal Constitucional. Su
actual presidente, Francisco Pérez de los Cobos, ocultó a la comisión del
Senado que autorizó su nombramiento como magistrado que estaba afiliado al
Partido Popular. Condición que no parece la más adecuada para pertenecer al
intérprete supremo de la
Constitución, pero que algunos todavía hoy se atreven a
justificar. Milongas. Pérez de los Cobos hizo trampa. Pero, al parecer, solo un
poco.
viernes, 13 de septiembre de 2013
LA CADENETA (13/09/2013)
El ser humano inicia la edad adulta con la excitante y
abrumadora sensación de ser único e irrepetible. Sin embargo, una vez conocidas
las grandes experiencias vitales – el amor de pareja, el sexo, las drogas, la
amistad... – y otras más prosaicas pero también importantes – el primer coche,
el primer piso, el primer trabajo... – le acechan la rutina y el aburrimiento.
¿Cómo hacerles frente? Evolucionando hacia una existencia más gregaria. O
social, si se prefiere un término que no evoque necesariamente a un rebaño.
Porque el fenómeno no es, en sí mismo, negativo. Una final de la Champions, un concierto
de Coldplay, una misa del Papa (o una concentración de ateos), unos
sanfermines, un mitin de un político con gancho (¿) no se conciben sin estar
rodeado de una gran masa de gente con la que nos sentimos identificados.
Siempre que una avalancha no nos aplaste, la experiencia puede ser emocionante,
divertida e inolvidable. Sin embargo, nada está exento de riesgos. El verdadero
peligro aparece cuando el gregarismo se apodera de la persona y le impide
pensar por sí misma; cuando invade ese reducto de individualidad que todos
deberíamos defender con la misma pasión con la que coreamos una canción, un
slogan o un rezo. Cuando eso ocurre a muchos individuos simultáneamente, es la
antesala de problemas serios. Como en Cataluña. Muchos catalanes padecen hoy
una fiebre independentista irreflexiva, gregaria, festiva e irresponsable que
puede llevar a toda la sociedad a un error garrafal. Por esa razón es necesario
el referéndum. Porque no se acude a votar agarrado a una cadeneta. Porque, a
través del voto, el individuo debe volver a reencontrarse consigo mismo, sin
intermediarios. ¿Regresará así la sensatez a Cataluña? Nadie lo sabe. Pero, al
menos, unos cuantos catalanes dejarán de celebrar el entierro como si fuera una
fiesta.
viernes, 6 de septiembre de 2013
GARETH BALE (06/09/2013)
Ha sido el culebrón futbolístico del verano. Después de
varios meses de tira y afloja, Florentino Pérez ha vuelto a salirse con la
suya: Gareth Bale vestirá la camiseta del Real Madrid durante las próximas 6
temporadas. No ha sido un negocio barato, precisamente. El equipo blanco ha
pagado al Tottenham Hotspur alrededor de 100 millones de euros, el mayor
traspaso de la historia del fútbol. El mocetón galés tampoco ha ido mal
servido: su sueldo semanal alcanzará la astronómica cifra de 350.000 euros, el
doble de lo que gana el primer ministro de su país, David Cameron, en todo un
año; la misma cantidad que un acomodado espectador del Santiago Bernabeu
logrará ingresar en una década. Si antes no se queda sin trabajo, claro.
Estamos en España, que nadie lo olvide; el país con la tasa de desempleo más
alta de Europa. Ante cifras tan mareantes y en la situación de crisis económica
que vivimos, no es de extrañar que se hayan levantado voces que tachan de inmoral
el traspaso. ¿Quién establece qué cantidad es moralmente aceptable en una
transacción económica? ¿El Papa Francisco? Mientras se trate de empresas
privadas que paguen sus impuestos y cumplan las leyes, hay poco que objetar.
Cuestión diferente es entablar un debate sobre si el fútbol es un espectáculo
que acapara un espacio social excesivo a costa de otras manifestaciones
culturales. A ese debate me apunto. Me gusta el fútbol e incluso lo practico,
pero creo que los medios de comunicación le dedican una atención excesiva, que
llega a ser anestesiante. ¿O debería decir “dedicamos” ? Sospecho que a Gareth
Bale estas inquietudes se la traen al pairo. Bastante tiene con marcar goles
sin que se le mueva el flequillo. A Florentino Pérez tampoco le quitarán el sueño.
Está demasiado ocupado vendiendo camisetas.
viernes, 30 de agosto de 2013
SIRIA (30/08/2013)
Cuando escribo estas líneas, suenan tambores de guerra en
Oriente Medio. En realidad, nunca dejaron de sonar. Tras dos años de guerra
civil en Siria con más de 100.000 muertos, las potencias occidentales parecen
decididas a una intervención militar, espoleadas por los informes que alertan
de que el régimen de Bashar al-Asad ha empleado armas químicas contra la
población civil. La complejidad del asunto es formidable. Por un lado, el
régimen baathista de Damasco, teóricamente más laico que religioso, apoyado por
Rusia, Irán y grupos radicales como Hezbolá; por otro, una amalgama de rebeldes
que incluye desde demócratas hasta una nutrida representación de Al-Quaeda,
apoyados por las potencias occidentales y la Liga Arabe. ¿Alguien
se aclara? De lo que no hay duda es que esto es un avispero del tamaño de un
cesto de la ropa sucia. Desde Washington se asegura que el objetivo del ataque
no es defenestrar a Bashar al-Asad sino dar una respuesta contundente al empleo
de armamento químico prohibido. ¿Se trata entonces de una simple reprimenda?
¿Cuántos cachetes – léase misiles – se le administrará al díscolo presidente
sirio? Por favor, que alguien presente pruebas contundentes del ataque químico;
el precedente de las armas de destrucción masiva irakíes que nunca aparecieron
debería servir de advertencia. Si ese ataque se produjo, adelante con los
faroles. Sacudir avisperos no parece sensato, pero tampoco lo es contemplar
cómo se hacen cada vez más grandes y permitir que personajes indeseables se
pasen el Derecho Internacional Humanitario por el arco del triunfo. Espero que
acierten. Por las pobres gentes de Siria, en primer lugar. También por
nosotros, los occidentales. La experiencia nos ha enseñado que entrar en una guerra
es fácil. Lo complicado es encontrar la puerta de salida.
viernes, 23 de agosto de 2013
ONE DIRECTION (23/08/2013)
Todos sus componentes son descartes de un programa de
talentos de la televisión británica que no los consideró suficientemente
buenos. Un productor avispado los juntó, les dio un nombre fácil de recordar y
los lanzó a las turbulentas aguas del negocio de la música, a competir por la
suculenta tarta del mercado teen. La jugada salió bien. En menos de tres años,
el grupo One Direction se ha convertido en el fenómeno fan más importante del
momento y sus discos se venden por millones. Sus promotores no pierden el
tiempo: esta semana han presentado en Londres su primera película, un
documental cuyo estreno simultáneo en todo el mundo ha llevado a sus fans al
borde de la histeria. El fenómeno no es nuevo. Empezó con Frank Sinatra, pasó
por los Beatles, los Pecos y Miguel Bosé en España, y no ha parado hasta llegar
a Pablo Alborán y los grupos de niños guapos anglosajones con One Direction
como último representante. En ocasiones la música acompaña, y en otras es
completamente prescindible. Lo que no puede faltar son los gritos, los
desmayos, los sujetadores voladores y las promesas de amor eterno. El fenómeno
fan es casi exclusivamente femenino y un misterio profundo para muchos hombres.
Sospecho que las pasiones que despiertan los chicos de One Direction tienen
poco que ver con la música y mucho con una sexualidad incipiente que se desea y
se teme al mismo tiempo; una histeria vivida desde la tranquilidad que da el
saber que se suspira por algo que nunca se llegará a alcanzar. Lejos de todas
estas sutilezas, el adolescente – chico – de ayer, de hoy, de siempre, seguirá
preguntándose: ¿Por qué se vuelven tan locas? ¿Qué tienen ellos que no tenga
yo? Paciencia, compañero. Dentro de poco se fijarán en ti. Mientras tanto...
¿por qué no tratas de imitar el peinado?
viernes, 16 de agosto de 2013
GUARDIA CIVIL (16/08/2013)
Agosto es el mes de la Guardia Civil. Durante el resto del
año su hispánica estampa pasa más desapercibida, pero en verano, cuando nos da
por ir a la playa o a la montaña, allí están ellos. Vaya que si están. Este
puente de agosto, en el que se prevén 7 millones de desplazamientos, serán más
de 10.000 agentes velando por la seguridad en las carreteras y desanimando con
su presencia a todo aquel que quiera pasarse el código de circulación por el
forro. Con la Benemérita no se bromea. Conozco a más de uno que es capaz de
ponerse farruco con un Policía Local, pero que cuando tiene delante un uniforme
verde oliva se achanta más que un gorrión. Es comprensible: los encuentros con
estos agentes de la ley no suelen olvidarse. 13 de agosto, Huesca, en plenas
fiestas de San Lorenzo. Me dispongo a tomar la salida de
la ciudad y tropiezo con un control. Con mi coche semi-tuneado y mi camiseta negra de los "Sick
Brains" – el mejor grupo de hard-rock de España -, las posibilidades de
que me den el alto son elevadísimas: llevo el uniforme de alguien que debería
tener el torrente sanguíneo infestado de calimocho. En efecto; un guardia civil
armado con un sopla-sopla me invita a detenerme. “Buenos días. ¿Ha bebido usted
alcohol?” “No, en realidad no vengo de Huesca” – respondo señalando la bolsa de
Confiterías Vilas que descansa en el asiento del copiloto – “He parado un
momento para comprarle estas castañicas de mazapán a mi mujer”. El agente se
detiene unos instantes, como si repasara mentalmente su enciclopédica base de
datos de excusas de automovilistas que pretenden librarse del soplido. Creo que
encuentra un hueco, un vacío. "Esto es nuevo", parece pensar.
Satisfecho, saluda marcialmente y dice con una media sonrisa: “Continúe”. No he
bebido una gota, pero respiro aliviado. Quién quiere problemas con la Guardia
Civil.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)