viernes, 19 de julio de 2013

PÚBLICO VERSUS PRIVADO (19/07/2013)

Es un debate inagotable. En él se ventila la forma de gobernar la sociedad, y casi de entender la vida. En un lado están los liberales, la derecha, que confía en la iniciativa individual y desconfía de la gestión pública por ineficiente y burocratizada. En el otro los progresistas, la izquierda, que fomenta lo público como elemento integrador, garante de la igualdad y la redistribución de la riqueza. Es regla de la dialéctica que para que un debate tenga verdadera trascendencia debe cumplir un requisito fundamental: que las dos partes tengan algo de razón. Una excesiva presencia del sector público en la sociedad tiene efectos perniciosos, como alegan los liberales y confirma la experiencia histórica. Igualmente, la ausencia total de regulación pública conduce al colapso del sistema, como acaba de demostrar la crisis financiera que ha sacudido los cimientos de las economías occidentales. ¿Dónde está el punto medio? Cada caso necesita una respuesta diferente, alejada de dogmatismos. Creo que hay actividades en el interior de un hospital público – distintas de la atención médica directa – que pueden ser llevadas a cabo perfectamente por empresas privadas. Por otro lado, hay sectores de gestión privada que nadie discute, como las telecomunicaciones, donde la situación dista mucho de ser la ideal. Un ejemplo reciente: en Fórnoles han estado dos semanas sin teléfono por culpa de una avería que no ha sabido subsanar la empresa que presta el servicio. En el fondo, público y privado no son realidades comparables. El sector público ostenta la superioridad moral y soporta el deber de velar por el bienestar de todos y de trabajar por una sociedad más justa. En ocasiones, dando un paso al frente; en otras, retirándose humildemente para dejar paso a las empresas. Siempre que estas demuestren hacerlo mejor.

viernes, 12 de julio de 2013

LA CONQUISTA DEL ANETO (12/07/2013)

El 20 de julio de 1842, el botánico francés Albert de Franqueville y el militar ruso Platon de Tchihatcheff alcanzaron la cumbre del Aneto por primera vez. La cima más alta de los Pirineos (3404 m.) y la tercera de España tras el Teide y el Mulhacén. Por desgracia, la conquista que me ocupa en estas líneas tiene muy poco que ver con el sano deporte del montañismo. En 2010, la cadena de televisión catalana TV3 denominaba al Aneto como uno de los montes emblemáticos de Cataluña. Wikipedia, en su versión catalana, recoge a día de hoy que, “para algunos”, el Aneto es el punto más alto de los Països Catalans. ¿Es necesario aclarar que en realidad está en Huesca, Aragón, España? Por supuesto que no. Lo triste del asunto, y una muestra palmaria de la eficacia del “falsea que algo queda”, es que el mismísimo Instituto Geográfico Nacional, dependiente del Ministerio de Fomento, acaba de publicar unos mapas que sitúan el Aneto ¡en el valle de Arán! Como es lógico, a la metedura de pata han seguido las disculpas y rectificaciones de rigor. La cuestión es que en Aragón empezamos a no sorprendernos demasiado de los intentos del nacionalismo catalán de rehacer la historia a su medida y hasta los mapas si el botín es lo suficientemente apetitoso. Es obvio que el Aneto lo es. Los estados se forman y se desmembran desde tiempos inmemoriales. Adelante pues con el independentismo, la construcción nacional y la fabricación de fronteras los que tengan ganas; las emociones fuertes están garantizadas. Sin embargo, el pasado, señores nacionalistas, es el que es. No se puede cambiar a voluntad. El Aneto pertenece a Aragón, hoy como en 1842. Como parte de España también pertenece a los catalanes, cómo no, pero no se puede escamotear al descuido. Porque no nos lo vamos a tragar.

viernes, 5 de julio de 2013

PRESUNTO ASESINO (05/07/2013)

Es norma periodística bien sabida que cuando se escribe de un imputado sobre el que todavía no ha recaído sentencia, siempre hay que adjuntar a su condición de delincuente la palabra “presunto”. Lo que no tiene demasiado sentido, si uno se detiene a pensarlo: ¿no se presume que todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario? ¿No sería más propio hablar de “el acusado de asesinato”, en lugar de “el presunto asesino”? En todo caso, no se tiene noticia de ningún imputado que se haya quejado. En el caso de José Bretón, cuyo juicio se está celebrando esta semana, tampoco es probable que eso ocurra. Las pruebas incriminatorias se acumulan en su contra con tal abundancia, que estará más preocupado en sostener una estrategia de defensa medianamente creíble. No lo tiene fácil. Después de casi dos semanas de juicio, cuesta creer que haya alguien alrededor de este proceso que todavía dude que fue él quien mató a sus hijos y los quemó en una hoguera en su finca cordobesa de las Quemadillas. Presuntamente, claro. Me pregunto si su abogado cree en su inocencia. ¿Y el propio José Bretón? ¿Qué pasa por la cabeza de ese hombrecillo acomplejado, narcisista y dominante? Ese es el grandísimo misterio de este caso, que pasará con letras mayúsculas a los anales de la historia criminal en España. Si mató y quemó a sus hijos, ¿cómo soporta la carga de un crimen tan horrendo? Si no lo hizo, ¿por qué se comporta de forma tan pasiva? Un elemento clave de este caso sí ha quedado ya suficientemente demostrado: el odio que sentía José Bretón hacia su mujer. Como si el universo de los sentimientos fuese circular, Bretón habría pasado directamente de un amor extremo, enfermizo, al odio más visceral. Como quien cruza una puerta. Un amante atormentado convertido en asesino. En un presunto asesino.

viernes, 28 de junio de 2013

INDECISIÓN (28/06/2013)

Tradicionalmente, cuando un partido político pasaba a la oposición después de una legislatura en el banco azul, sus dirigentes aprovechaban la circunstancia para reorganizar filas, hacer limpieza de las figuras políticas ya amortizadas, y acodarse confortablemente en una barrera de sombra para contemplar al enemigo desgastarse a ojos vista, dando capotazos al temible miura que es el gobierno de este país de locos llamado España. Por desgracia para algunos, esos tiempos han pasado. En los actuales, en medio de la crisis económica más profunda de las últimas décadas, el gobierno del Partido Popular se desgasta, sí; pero el Partido Socialista, en la oposición, sufre tanto o más. Los partidos pequeños se rebelan en las encuestas y ya nadie se atreve a predecir qué puede pasar en las próximas elecciones generales. Con este panorama vuelto del revés no deja de ser lógico que los grandes dilemas sobre el futuro del partido se planteen en casa de la oposición. El primero de todos, elegir el cabeza de cartel para las próximas elecciones. Rubalcaba parece agotado, sin el impulso necesario para afrontar el desafío. Griñán, presidente del partido, acaba de anunciar que no se presentará a la reelección en Andalucía para dejar paso a rostros nuevos, mandando un mensaje al secretario general para que acelere los plazos de unas posibles elecciones primarias. Rostros nuevos, de acuerdo, ¿pero cuándo? ¿En medio del temporal actual que podría destruir las opciones de un candidato poco cuajado? ¿O es mejor esperar al último momento, cuando las elecciones estén a la vuelta de la esquina? La respuesta no la conoce nadie. Rubalcaba tampoco. Pero creo que hasta él mismo es consciente de que entre el acierto y el error se encuentra la peor decisión de todas. La falta de decisión misma. La indecisión.

viernes, 21 de junio de 2013

JUSTICIA (21/06/2013)

Es una palabra que no puede faltar en cualquier ley importante que se precie, en los discursos solemnes, en las declaraciones de principios. No en vano, la justicia es uno de los grandes anhelos del ser humano. Para satisfacerlo, el estado pone a disposición del ciudadano un procedimiento y unos funcionarios, los jueces y fiscales, que velan por el cumplimiento de las leyes. Sobre el papel, todo perfecto. El problema viene cuando hay que descender a pie de obra, porque es allí donde se necesitan botas de pescador truchero para no hundirse en el fango de mentiras cruzadas, intereses y estrategias que conlleva la práctica real de la administración de justicia. Basta con abrir un periódico y consultar el estado de los procesos judiciales que llenan sus páginas: el caso Gürtel, Palau, Brugal, los ERE, Nóos, Bárcenas, entre los asuntos de corrupción política; el caso de los niños desaparecidos Ruth y José, el asesinato de Marta del Castillo o el accidente provocado por Ortega Cano, dentro de los asuntos penales; la tragedia de miles de desahucios, entre los civiles. En muchos de estos procesos coinciden algunos de los principios más elevados concebidos por el espíritu humano como la presunción de inocencia, con muestras de la peor bajeza: en particular, la mentira deliberada de algunos imputados para salvar el pellejo aun a costa del sufrimiento de las víctimas, de la justicia o del bien común que muchos juraron defender; o la falta de dignidad, valor y honor para afrontar las consecuencias de los propios actos. La justicia no es un espectáculo bonito y su práctica profesional está desaconsejada para espíritus sensibles. Más allá del boato de las togas y las maderas nobles, el trabajo de jueces y fiscales se parece a menudo al de los fontaneros en las cloacas. Desagradable pero necesario.

viernes, 14 de junio de 2013

SUELO (14/06/2013)

El Tribunal Supremo acaba de sentenciar que el suelo no debería estar donde lo fijaban las hipotecas ofertadas por muchos bancos y cajas españolas durante años. Que esa edificación financiera es ilegal por opaca, y que si a los tipos de interés les da por bajar hay que dejarles, para beneficiar a los clientes que pactaron unas cuotas hipotecarias variables. Es el fin de las “cláusulas suelo”, una práctica bancaria a todas luces injusta pero que los consumidores toleramos durante años con una sumisión sorprendente. Si los tipos de interés suben – en perjuicio del cliente – no hay techo alguno; pero si bajan a partir de un límite, le ponemos un suelo e impedimos que este cliente se beneficie. Nos vieron cara de tontos, no hay duda. En nuestro descargo hay que decir que todo se operaba con la habilidad que solo dan los años de experiencia, la piel curtida de tratar con muchos españolitos incautos y ganarse su confianza con un trato familiar, pegajoso como la tela de araña que atrapa al primero que pasa. Se evitaba la expresión “cláusula suelo” para no despertar la suspicacia de los pocos valientes que se atrevían a preguntar. En su lugar se insertaba un párrafo de jerga financiera tan incomprensible, que no valdría ni para que Groucho Marx hiciera un chiste con él: nadie se reiría. Si los bancos han estado cobrando de más durante años, ¿no sería justo que lo devolvieran? El Tribunal Supremo no se ha atrevido a ir tan lejos. Según él, estas cláusulas son ilegales no por abusivas, que es lo que son, sino por falta de transparencia en la información a los clientes. Como resultado, la sentencia no tiene efectos generales y retroactivos. Alegrémonos, a pesar de los pesares. No todos los días el poderoso caballero Don Dinero recibe una bofetada tan sonora y merecida. Me entran ganas de ponerme a aplaudir.

viernes, 7 de junio de 2013

PESADILLAS (07/06/2013)

La peor pesadilla de un columnista consiste en volver a escribir la misma columna, sin enterarse, y que un lector le avise cuando la tragedia se ha consumado y los mismos argumentos y gracietas ya están en negro sobre blanco, para su eterna vergüenza. ¡Pero si de eso ya escribiste, chaval! Solo de pensarlo me entran sudores fríos. Hace un año y medio, me escandalizaba en esta columna de que la troika recomendase para Grecia la bajada del salario mínimo como medida para reactivar la economía. Ahora es el gobernador del Banco de España el que aboga por bajar los 645 euros y 30 céntimos del salario mínimo español, uno de los más bajos de Europa. Me repetiré, pero con la atenuante de ofuscación profunda: ¿este señor se ha vuelto loco? O es malo o muy torpe, y las tres posibilidades son aterradoras. ¿Quiere vivir en un país en el que puedan existir legalmente explotadores y explotados, estos últimos trabajando de sol a sol a cambio de un sueldo que no les llegue para vivir? Porque eso es exactamente lo que pasaría. En la coyuntura española actual, de todas las posibles medidas para atacar el paro – simplificación de contratos, flexibilización del despido, bajada de cotizaciones sociales, fomento del crédito para emprendedores – la bajada del salario mínimo es la más inútil y la más cobarde. Se limita a cambiar parados por esclavos. También la menos inteligente. Es una invitación formal a tomar el palacio de invierno, a la revolución pura y dura, y en ese tipo de eventos sociales no suelen ser muy amables con los directivos bancarios. Tengo que revisar mi ranking de pesadillas y hacer algunos cambios. Después de todo, repetirse no está tan mal. La peor de todas es soportar una clase dirigente de privilegiados viviendo a nuestra costa, pero fuera de la realidad. A ver si despertamos.