La industria del papel couché o periodismo del
corazón es un sector económico con todas las de la ley. El grueso de la
producción se localiza de Despeñaperros para abajo porque allí nacen, aman, se
divorcian y luchan por sus herencias la mayoría de los personajes de esta ópera
bufa sin descansos que es el cotilleo nacional, pero se consume con avidez en
cualquier parte de España. La razón de esta concentración productiva es,
consideraciones culturales aparte, puramente meteorológica: una estrella
mediática del couché tiene que salir mucho a la calle para que los periodistas
que acechan –verdaderas abejas obreras del sector – la acosen con flashes y
preguntas. El medio laboral tiene que ser, por fuerza, de clima templado. ¿Se
imaginan a Isabel Pantoja y a su interminable clan en Santiago de Compostela,
todo el día arriba y abajo con los paraguas? Se la llevaba una pulmonía en
cuatro días, y no es plan, porque la tonadillera – curioso término que solo la
designa a ella en todo el orbe – nos tiene que durar aún muchos años. A estas
alturas, muchos se estarán preguntando por qué no voy directamente al grano de
una santa vez: sí, queridos lectores, Chabelita, hija adoptiva de Isabel (viuda
de Paquirri), hermana de Kiko Rivera (antes Paquirrín), indirectamente
hermanastra de los toreros Fran (ex-marido de la hija de la duquesa de Alba) y
Cayetano Rivera (pareja de la modelo Eva González), está embarazada de su novio
y amenaza con abandonar Cantora. Toreros, tonadilleras, majas, la duquesa de
Alba... ¡Solo falta Goya pintando cuadros! Por mucho que a Kiko le haya dado
ahora por ser DJ, no se dejen engañar por las apariencias de modernidad: el
couché está infiltrado en nuestro ADN cultural desde tiempos inmemoriales. Por tanto,
no se resistan y consúmanlo sin remordimientos. Hay cosas peores. Como el
aburrimiento.
viernes, 15 de noviembre de 2013
viernes, 8 de noviembre de 2013
ESCUCHAS (08/11/2013)
La canciller Merkel está que trina después de enterarse de
que los norteamericanos llevan escuchando sus conversaciones telefónicas desde
la última vez que se puso unos vaqueros. ¡Eso no lo hacen los amigos!, ha
exclamado, furibunda. El cabreo es comprensible. Igual que el alivio que habrá
sentido el pobre agente de la NSA asignado al caso –la CIA está pasada de moda,
hoy lo que mola es la National Security Agency – al enterarse de que la misión
ha terminado después de tantos años. Parece que oigo los ¡pop! de las botellas
de champagne, las lágrimas de alegría rodar por sus mejillas, los cientos de
“congratulations!” que recibirá de compañeros y amigos. ¡Más de una década
escuchando las conversaciones de Frau Merkel! Para que luego digan que ser
espía tiene glamour. Trabajo no habrá tenido mucho, porque no veo a la mandamás
alemana colgada del teléfono para comentar cualquier tontería. Pocos cotilleos
que llevarse al cuerpo, ni un “espera, cutxi-cutxi, que ahora voy y me pongo
aquello que me regalaste...” ¡O a lo mejor sí! Quién sabe si escuchar a la
Merkel no ha sido el trabajo más emocionante y picante de toda la carrera de
nuestro sufrido agente de la NSA. El pobre Obama también ha tenido un papelón.
El programa de escuchas a 35 líderes mundiales, entre los que estaba la
alemana, existía desde mucho antes de que tomara posesión del cargo, pero a él
le ha tocado dar las explicaciones. En una asombrosa pirueta dialéctica para
salvar sus principios sin dejar de ser presidente de los Estados Unidos, ha
pedido a sus servicios de inteligencia que espíen “solo lo que necesiten” y no
“lo que puedan”. Gracias, Barack, es todo un detalle. Por cierto, no me ha
quedado claro si Rajoy estaba dentro de esa lista de líderes espiados. Haced
como que sí, por favor. O se nos pondrá celosillo.
lunes, 4 de noviembre de 2013
BLATTER (01/11/2013)
El fútbol es el juego barriobajero por excelencia.
Los gestos de caballerosidad son tan escasos – se reducen, básicamente, a
lanzar el balón fuera del campo cuando hay un jugador rival lesionado – que
cuando se produce uno, es costumbre que el público se ponga a aplaudir. En el
fútbol vale casi todo: dejarse caer en el área para provocar un penalti, mentar
a la madre de un contrario para sacarle de quicio, fingir una lesión para
perder tiempo, pedir a voces el balón a un jugador rival para confundirlo,
tratar de engañar al árbitro reclamando una infracción inexistente... Fuera del
campo, en las gradas, la cosa no mejora. El público tiene vetado el contacto
físico con el árbitro y los jugadores pero, en ocasiones, trata de compensarlo
con el lanzamiento de algún objeto pequeño, duro y cantoso. Sus misiones
fundamentales son: animar al equipo, amedrentar al rival, e intimidar al
árbitro para torcer su buen juicio en favor de los locales. Para las dos
últimas, echa mano de los insultos más terroríficos, lanzados a gritos desde el
confortable anonimato. El fútbol no es un deporte noble. Creo que ni siquiera
es un deporte. A lo mejor, esa es la razón más importante de su éxito. Por todo
ello, no es extraño que el máximo dirigente del fútbol mundial sea una persona
de la categoría del suizo Joseph Blatter. Esta semana, el presidente de la FIFA
ha protagonizado una actuación lamentable, faltando al respeto a Cristiano
Ronaldo con una imprudencia sorprendente, incluso para él. Ante las protestas
del jugador y de su club, el Real Madrid, el dirigente se ha declarado
“sorprendido” y ha ejecutado la clásica disculpa de los cínicos: “si te ha
molestado, te pido perdón”. ¿Reconocer lo desafortunado de sus palabras? Jamás.
Blatter lleva 15 años en el cargo y le queda alguno más. El fútbol no podría
tener un representante mejor.
sábado, 26 de octubre de 2013
ALEMANES SILENCIOSOS (25/10/2013)
Sin hacer ruido, los dos grandes partidos políticos
alemanes, el democristiano y el socialdemócrata, siguen negociando para
alcanzar un pacto de gobierno. Comprendo que la noticia, dicha así, no vaya a
ser trending topic en las redes sociales. Tampoco se prevén acalorados debates
en las tertulias radiofónicas. En España estamos demasiado ocupados en asuntos
identitarios, separatismos, sectarismos, asesinos que salen de la cárcel y
corruptos que no entran, como para prestar atención a un tema tan... ¿aburrido?
¿O debería decir revolucionario? Volvamos al principio, para tomar conciencia
de su significado. La CDU, el partido de Angela Merkel, y los socialdemócratas
del SPD, son los equivalentes al PP y al PSOE en España. La gran coalición que
están negociando significa, ni más ni menos, que el futuro gobierno alemán
estará compuesto por ministros de los dos grandes partidos. ¿Se imaginan un
gobierno de España con Rubalcaba sentado en la mesa del consejo de ministros
junto a una bronceada Ana Mato? Ni un cataclismo nuclear lograría un prodigio
semejante. Para los alemanes, sin embargo, no será la primera vez: en 1969 y
2005 ya tuvieron gobiernos de coalición entre las dos fuerzas políticas
teóricamente antagónicas. ¿Por qué se habla tan poco en España de un
acontecimiento tan revolucionario? Porque, más o menos conscientemente, no
interesa al establishment ni a los creadores de opinión. ¿En qué ocuparía su
tiempo un político español medio si no pudiera criticar a sus rivales? ¿En
tener ideas? ¿Y qué sería del periodismo patrio si ya no se pudiera identificar
claramente a amigos y enemigos? Sería la ruina de las dos mayores industrias
del país, el alboroto y el sectarismo. Mientras tanto, los alemanes siguen a lo
suyo. Un 66% de la población apoya la gran coalición. Casi sin hacer ruido.
viernes, 18 de octubre de 2013
EL DESGOBIERNO AMERICANO (18/10/2013)
Estos días se emite en televisión “La historia no contada
de los Estados Unidos”, una serie de documentales, dirigida por Oliver Stone,
que presenta una visión nada amable de la historia de la primera potencia
mundial en el último siglo. Stone es una rara excepción en su país, más
inclinado a exhibir el orgullo nacional que la autocrítica, y sospecho que sus
documentales tendrán mucha mejor acogida a este lado del Atlántico. No comparto
todos los puntos de vista del polémico cineasta – hacerlo así equivaldría a
considerarlo infalible – pero desde luego admiro su valentía. La conclusión más
importante a la que he llegado viendo su “historia no contada” es que,
demasiado a menudo, los Estados Unidos de América han sido gobernados por
individuos de capacidades muy limitadas. No me refiero a sus titulaciones en
Harvard o Yale, sino a sus capacidades morales y a su empatía hacia el
sufrimiento ajeno. Durante décadas, estos individuos de ética dudosa o
directamente inexistente – y sus opuestos al otro lado del telón de acero –
tuvieron al mundo en vilo con sus juguetes nucleares en el capítulo más
vergonzoso y demencial de la historia humana. Esta semana, algunos
norteamericanos han vuelto a dar muestras de esa mezquindad tan lamentable. Por
suerte, esta vez no está en juego la vida en el planeta tierra; esta vez “solo”
se trata de la estabilidad económica mundial. Un puñado de republicanos
radicales, empeñados en echar abajo el programa sanitario del presidente Obama
que aspiraba por fin a situar a su país en el concierto de las naciones
realmente civilizadas, han puesto en jaque al gobierno de la nación. Mientras
escribo estas líneas, leo que finalmente no lo han conseguido. Es lo que suele
ocurrir en las películas americanas. Al final, casi siempre ganan los buenos.
viernes, 11 de octubre de 2013
MONTORO CONTRA WERT (11/10/2013)
En esa competición cerrada por ser el ministro más
impopular de España, el de Hacienda ha decidido dar un puñetazo en la mesa.
Apagados los ecos del inicio del curso escolar, que había puesto a José Ignacio
Wert por delante en medio de un océano de camisetas verdes muy cabreadas,
Cristóbal Montoro se ha lanzado a la ofensiva. El mes de octubre comenzó con la
simbólica entrega de los presupuestos para 2014 al presidente del Congreso. ¿Se
acuerdan de aquellos palés repletos de folios? ¿Y del simpático pen-drive? Pues
olvídense. Lo que ahora se lleva es entregar los presupuestos metidos en un
código QR, que es como un cuadrado abstracto que queda de lo más apañado en las
fotos. Chúpate esa, Wert. Luego ha sido un no parar: que si las pensiones
subirán un 0,25% (es decir, su poder adquisitivo bajará), gobiernos autonómicos
de todos los colores mosqueadísimos por el reparto y declaraciones que parecen
gasolina en un extintor: “los salarios no bajan, crecen moderadamente”. Toma
ya, Wert, a ver si igualas ese titular. Montoro es insaciable. No contento con
atizar todos los fuegos de su departamento, la emprende también con los de su
acérrimo enemigo. Esta semana se ha descolgado con unas explosivas declaraciones
sobre el cine español, al que, por cierto, ha vuelto a recortar la asignación
presupuestaria: “los problemas del cine español no tienen que ver sólo con las
subvenciones, también con la calidad”. Es de imaginar que las ronchas que ha
levantado en el sector deben ser perfectamente visibles desde la luna. Lo
curioso es que un ministro de Hacienda emplee argumentos tan alejados de la
ciencia económica y se apropie de los de un crítico de cine. Los errores se
pagan. Wert no ha dejado pasar la ocasión: “el cine español me gusta mucho”.
Chúpate esa, Montoro. Continuará...
viernes, 4 de octubre de 2013
EL MAYOR ENEMIGO DE ARTUR MAS (04/10/2013)
A pesar del euroescepticismo creciente y de la antipatía
que despierta la burocracia de Bruselas, la Unión Europea sigue
siendo el proyecto político más avanzado del mundo. Naciones que medio siglo
atrás se hacían pedazos unas a otras, han logrado superar sus diferencias y
concentrarse en lo que les une: la vecindad geográfica, un pasado común y la
aceptación de unas normas de juego basadas en la democracia y el respeto a los
derechos humanos. No sé si alguien habrá notado que es exactamente lo contrario
de lo que pretende el proyecto independentista de Artur Mas: concentrarse en la
diferencia – la lengua – y olvidar lo común – una unión política de más de 800
años y una hermandad sentimental, sanguínea y cultural con el resto de
españoles que hace imposible que uno solo de nosotros no tenga un antepasado
catalán cuyos huesos reposen en esa tierra -. Esta semana, el presidente de la Generalitat visitaba
Bruselas por tercera vez en menos de un año y recibía el portazo del presidente
de la Comisión,
Durão Barroso, que se excusó de recibirle “por problemas de agenda”. ¿Qué
esperaba? ¿Una recepción con honores? Por muchas banderas estrelladas que
enarbole, por muy apasionadas que sean sus protestas de adhesión a Europa,
Artur Mas no podrá cambiar la realidad: el mayor enemigo de su proyecto
separatista no vive en Madrid sino en Bruselas. La Unión no puede ser neutral
ante la hipotética desmembración de sus socios, porque ese proceso atentaría contra
su misma esencia. Abraham Lincoln declaró la guerra a los rebeldes.
Afortunadamente, hoy existen métodos más sutiles. El lenguaje “gestual” de las
autoridades comunitarias es claro como el agua: las aventuras secesionistas se
pagan con la exclusión. Las últimas encuestas revelan que los escoceses han
tomado buena nota. Los catalanes también lo harán.
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