Mi amigo Carlos Pauner,
el alpinista más grande que ha dado esta tierra y una de las personas más
lúcidas que conozco, puede llegar a ser tan directo como un derechazo a la
mandíbula: cuando algún conocido se le acerca a contarle sus penas y a lamentarse
de lo mal que le trata la vida, le escucha durante un rato; sin embargo, si la
cosa se alarga, acaba por interrumpirle: “¡Bueno, ya está bien! ¡Que todos
tenemos problemas!” La suya es la deformación profesional propia de los que han
salvado el pellejo muchas veces en situaciones límite, y valiéndose solo de sus
propios recursos. Para Pauner, es obvio que lamentarse en medio de una ventisca
a veinticinco grados bajo cero es la mejor manera de acabar convertido en
estatua de hielo y decorar macabramente la ruta de ascenso a alguna de las
cumbres más altas del planeta. Afortunadamente, la mayoría de los mortales no
nos movemos por esas tierras inhóspitas, pero creo que la moraleja sigue siendo
de utilidad aquí abajo. Nos quejamos demasiado. Somos una sociedad de llorones,
y la queja permanente nos lleva a la parálisis. Alguien dirá que no nos faltan
motivos pero… ¿hay alguien en el mundo que no los tenga? La especie humana ha
evolucionado hacia unos seres tan delicados, que hemos ido estrechando la
franja de la felicidad hasta convertirla en una línea casi invisible. Cuando no
tenemos frío, tenemos calor. O no tenemos qué comer, o comemos demasiado. Si no
cumplimos nuestros sueños, nos frustramos. Y si los cumplimos decimos, ¿ahora
qué? Basta de quejas. Si tu país, tus políticos, tu cuenta corriente, tu jefe,
tus compañeros de trabajo, tu marido, tus pies, tu vecino (el que pone la
televisión a todo volumen), el perro de tu vecino… no te gustan, por favor, no
hace falta que me lo cuentes. Que todos tenemos problemas.
martes, 23 de junio de 2015
MUERTOS (17/04/2015)
Dicen que
la muerte nos iguala a todos. Pero hay algunos más muertos que otros. Hace
algunas semanas, la noticia de la matanza de la Universidad de Garissa, en Kenia,
donde 148 estudiantes murieron tiroteados por extremistas islámicos, mereció
una cobertura mediática bastante discreta y algunos pusieron el grito en el
cielo. Si el atentado contra la revista Charly Hebdo, en el que murieron 12
personas en circunstancias muy parecidas, provocó una conmoción enorme en todo
el continente, no se entendía la relativa indiferencia hacia una salvajada
bastante mayor. Como los occidentales somos escrupulosos de conciencia y nos
gusta pensar que nuestra moralidad está por encima de la media, algunos se
lanzaron a buscar excusas para justificar esta alarmante falta de empatía. Se
habló de lejanía geográfica y de falta de calidad de la información que llegaba
desde Kenia. Argumentos insuficientes, en mi opinión. La realidad es más
descarnada y menos complaciente. Los muertos en Kenia, o en Nigeria, nos
importan menos porque no son de los nuestros. Porque nuestros hijos no van de
Erasmus a la Universidad de Garissa, y porque en Semana Santa preferimos ir a
París antes que a Lagos. En realidad, los terroristas están bastante más
globalizados que nosotros, que nos gusta vivir como si el tercer mundo no
existiera. ¿Lejanía geográfica? La última tragedia en el Mediterráneo, con 400
inmigrantes muertos cerca de las costas italianas, no se ha producido demasiado
lejos del naufragio del Costa Concordia, pero la muerte de 32 de sus pasajeros
nos impresionó mucho más. Porque los europeos solo navegamos por placer, y lo
hacemos en crucero. ¿Somos malvados e insensibles por ello? Somos simplemente
humanos. Con un extraordinario margen de mejora. Podríamos empezar por ser algo
menos hipócritas
COSMOLOGÍA POLÍTICA (10/04/2015)
Una de las
consecuencias más estimulantes de la crisis general que sufrimos, es que nos ha
dado la posibilidad de presenciar acontecimientos tan poco habituales como el
nacimiento, la decadencia y hasta la muerte de un partido político. Hoy nos
sentimos como esos cosmólogos que logran fotografiar el nacimiento de una
estrella, el colapso de otra o cómo un agujero negro se traga a una galaxia sin
dejar rastro. Para asistir al espectáculo no hace falta tener un telescopio. El
drama se desarrolla bastante más cerca, y con el horizonte cercano de un Big
Bang – léase elecciones municipales y autonómicas – que podría dejar el
firmamento irreconocible. UPyD se muere. El proyecto político de la incombustible
Rosa Díez se desvanece, barrido por una crisis que quizás no contribuyó a crear,
pero que ha digerido muy mal. El fracaso de las negociaciones con Ciudadanos,
el partido de la estrella en ciernes Albert Rivera, fue el preámbulo de la
descomposición, con acusaciones de sectarismo hacia la líder y su cúpula
directiva que se abrazan obstinadamente al timón de un barco que se hunde sin
remisión. “Albert estará disfrutando”, dice Rosa con amargura. No creo que
demasiado. Si algo ha demostrado la experiencia de UPyD es que fundar un
partido es relativamente sencillo, pero conseguir que arraigue lo suficiente
para poder resistir los vendavales de la política es mucho más complejo. UPyD
no sobrevivirá sin Rosa Díez, de igual forma que la desaparición de Albert Rivera
o de Pablo Iglesias sería la sentencia final para sus incipientes e ilusionadas
formaciones. “El Partido Popular no somos un grupo de amigos”, dijo el
presidente Rajoy. Ciertamente no lo son, sobre todo últimamente. Pero, como el
PSOE, son estrellas viejas que no se apagarán tan fácilmente. El rancio bipartidismo
se resiste a desaparecer de la galaxia.
CABRONES (03/04/2015)
La suerte de la
cabra montesa en la cordillera pirenaica ha sufrido cambios drásticos. Durante
milenios su existencia fue bastante apacible, paseando su imponente cornamenta
por lo alto de los riscos, lejos del alcance del depredador más metódico,
ingenioso y en ocasiones despreciable que ha dado la naturaleza. Los pocos
especímenes humanos que se aventuraban por sus resbaladizos y vertiginosos
dominios debían dedicar tanta atención a no despeñarse, que apenas les quedaba
puntería y mala leche para poder abatir al cornúpeta. Pero… ¡ay!, los
cabroncetes humanos no se rinden fácilmente. Un día vinieron con un trabuco. Al
día siguiente con una carabina. Y llegó el día en que subieron del valle un
rifle Remington con mira telescópica, capaz de meter una bala entre ceja y ceja
a cualquier bicho viviente a cientos de metros de distancia. De pronto, la
estrategia del “cógeme si puedes” ya no funcionaba. Como las cabras no conocían
otra, se limitaron a buscar un risco todavía más alto y remoto para escapar de
las balas de los aristócratas de turno. Inútilmente. Cayeron una tras otra
hasta la extinción definitiva. Entonces llegaron los lamentos. Con los años
aparecieron los conservacionistas, que se empeñaron en conseguir que la cabra montesa
volviera a brincar por las montañas pirenaicas. Después de 30 años de negociaciones,
en aplicación de un acuerdo firmado en 2014 por España, Francia y Andorra, el
pasado martes se soltaban con éxito diez ejemplares en Pont d´Espagne, en el Pirineo
francés. Espero que les administren algún tipo de tratamiento psicológico. A
las cabras, me refiero. Porque la confusión que deberá llevar será importante:
primero me tirotean hasta la extinción y ahora me llevan entre algodones. A ver
quién les explica que los humanos somos así: bondadosos, o los peores cabrones
que hayan pisado la tierra.
sábado, 20 de junio de 2015
QUERIDOS BANCOS (20/03/2015)
Las entidades
financieras tienen un concepto de la responsabilidad social bastante peculiar.
En algunos negocios, si el cliente acredita una situación económica precaria puede
beneficiarse de un descuento. Los bancos funcionan al revés: cuanto más
apaleado está el personal, más caña al mono. ¿Que ha sufrido usted un
descubierto? Trocotroco. ¿No puede usted mantener un saldo mínimo en la cuenta?
Pues le subo las comisiones. ¿Qué es usted rico y solvente? No se preocupe, que
no paga ni una y encima le regalo una tostadora. Por no entrar en el vergonzoso
asunto de los créditos hipotecarios y los desahucios. Los bancos se siguen
beneficiando de una legislación hipotecaria dickensiana que ningún político ha
tenido los arrestos de reformar, temerosos todos de que les cierren el grifo de
la financiación. La dación en pago, es decir, la resolución de un crédito
hipotecario con la entrega de la vivienda con independencia del valor del
inmueble en ese momento, es una cuestión de justicia tan elemental, que hasta
que no empezó la crisis económica casi nadie cayó en la cuenta de que no cabía
en el derecho español. Ah, sí, la crisis. Miles de millones pagados por todos
los españoles para acudir al rescate de entidades gobernadas por estafadores y
sinvergüenzas. ¿Y qué hemos sacado en limpio los españoles? Un sistema
financiero más saneado, nos dicen. No lo pongo en duda. Pero lo que olvidan
decir, por ejemplo, es que mi nuevo banco, adonde he ido a parar por la absorción
del antiguo, ha aumentado las comisiones por transferencias online más de un
300%. Y se ha quedado tan ancho. ¿Por qué nunca oiré/veré/leeré esta noticia en
ningún sitio? Poderoso caballero es Don Dinero. Aquí lo que conviene es estar
bien calladito, no se vayan a enfadar. ¿No son entrañables? Queridos bancos…
DERROTA MORAL (13/03/2015)
Esta semana, el gobierno vasco ha recibido el informe que
encargó hace un año a un grupo de historiadores de la Universidad del País
Vasco sobre la memoria de los años del terrorismo etarra (1968-2010). La
conclusión del informe es demoledora: Euskadi no fue víctima de un conflicto
con el Estado sino de un intento de imposición de un proyecto totalitario por
parte de ETA. La noticia ha pasado casi desapercibida, al menos hasta el
momento que escribo estas líneas, pero refleja un acontecimiento de importancia
capital: la derrota moral de la banda terrorista. El problema, desde un punto
de vista periodístico, es que más que un hecho puntual, noticiable por tanto,
se trata a menudo de un proceso casi invisible. Es difícil hacer una fotografía
de algo así. No ocurre lo mismo, sin embargo, con la derrota policial. Irónicamente,
el día en que ETA se declare disuelta o que se entreguen las armas, hechos que
no harán más que confirmar una realidad ya vieja, la anti-noticia por tanto, el
acontecimiento copará los titulares. Somos así, necesitamos momentos simbólicos.
Algunos pensarán que esa derrota moral, el definitivo asentamiento de un
consenso en la sociedad vasca sobre la injusticia absoluta de la obra terrorista,
era ya un hecho consumado y que no hacía falta ningún informe académico para
constatarlo. No puedo estar más en desacuerdo. En primer lugar, por la
trascendencia de que fuera el gobierno vasco del PNV quien lo encargara y un
grupo de historiadores de la Universidad del País Vasco el que lo llevara a
cabo. Y en segundo lugar, por la certera y brillante conclusión a la que han
llegado: no hubo conflicto, sino un intento de imponer un proyecto totalitario.
Claro y cristalino. La peor derrota para los malvados. La victoria definitiva de
la verdad y la justicia.
CAMPAÑA ELECTORAL (06/03/2015)
Comienza la campaña para las elecciones autonómicas en
Andalucía y comienza un año político de alto voltaje, cargado de citas
electorales como nunca se ha visto en la historia de España. Después de las
andaluzas vendrán las municipales y autonómicas en las comunidades sin pedigrí.
¡En septiembre las autonómicas catalanas! Con la consabida fanfarria
separatista, esteladas al viento y Artur Mas preparándose para entrar en el
glorioso panteón de los estadistas catalanes, en dura pugna con sus
aliados/rivales de ERC. De postre, por si aún nos queda hueco en el estómago,
las elecciones generales. Es la gran Campaña Electoral, así, con mayúsculas y
en singular, porque las campañas se sucederán unas a otras en un infinito
discurrir de mítines, autobuses electorales y apretones de manos, como una interminable
comedia en la que todos se esforzarán en parecer lo que no son. El presidente
del gobierno, prácticamente desaparecido durante toda la legislatura, se calzará
las botas e intentará que se manchen de barro lo más posible. El candidato
socialista tratará de sacudirse el sambenito de ser el nuevo Zapatero y hasta
dirá tacos, felizmente manchado de barro. Pablo Iglesias querrá convencernos de
que solo estuvo en Venezuela haciendo turismo, y de que hace tanto tiempo que
no canta la Internacional que la letra prácticamente se le ha olvidado. Albert
Rivera escribirá un best-seller que llevará por título: “Como crear un partido
político nacional en 15 días (y aspirar a ganar las elecciones)”. Rosa Díez
escribirá otro, pero este será un fracaso en ventas: “Lo que pudo haber sido y
no fue”. Cayo Lara se comprará unas zapatillas de cuadros y optará por
jubilarse tarareando las notas de un réquiem… Agárrense que vamos. Y disfruten,
que la democracia también sirve para eso. En cien años, todos calvos.
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