No lo ha dicho un
obispo, ni un censor. Lo dice Carolina Herrera. La diseñadora venezolana, que
da nombre a una de las empresas de moda más prestigiosas del mundo, ha puesto
el grito en el cielo al comprobar cómo las celebrities se han lanzado a una
peculiar competición por lucir el vestido más transparente. “¿Cómo puedes ser
un icono de la moda si no llevas ropa?”, se pregunta la elegante septuagenaria en
una reciente entrevista para el Washington Post. No sé si Beyoncé, la
incombustible Jennifer López o Kim Kardashian se habrán dado por aludidas, pero
es seguro que el dardo no habrá pasado desapercibido en los cuarteles
generales de las firmas de moda que han sucumbido a la obsesión por la
transparencia, como la denomina la señora Herrera, algunas tan importantes como
Versace, Roberto Cavalli o Givenchy. ¿Guerra comercial o discrepancias sobre el
concepto de belleza? De todo un poco. En un mundo tan competitivo como la alta
costura, sería ingenuo pensar que las declaraciones de alguien tan influyente
no tienen repercusión sobre las cifras de negocio o las estrategias
empresariales. Pero estoy seguro de que la veterana diseñadora, además, está
convencida de lo que dice. Y yo le doy la razón. Que todo el mundo te mire –
porque eso es algo que las dichosas transparencias consiguen, indiscutiblemente
– no significa que tu vestido, o tu no-vestido en este caso, guste o sea
bonito. Personalmente, creo que esas gasas transparentes, por mucha pedrería
que les acompañe, son vulgares. Y en cuanto a su presunta sensualidad, a este
humilde escribano le sugieren el mismo erotismo que una activista de Femen con
los pechos al aire pintados con Rotring negro, junto al Kremlin en un día de
lluvia. Es decir, poco. Pero, en fin, tápense o descúbranse, que este mundo es
libre. Los demás miraremos.
martes, 23 de junio de 2015
HIMNOS (05/06/2015)
Ser Rey de España
es un oficio de emociones fuertes. Un día presides la final del torneo de
fútbol que lleva tu nombre y recibes una monumental pitada, y al siguiente estás
en los Campos Elíseos, pero esta vez agasajado por las más distinguidas
autoridades de la república más vieja de Europa. ¿Burla a los símbolos
nacionales o ejercicio de la libertad de expresión? Parece difícil negar que la
intención de los que pitaron en el Nou Camp iba más allá de la reivindicación
política. Había un componente festivo – tocar el pito junto a 50.000 personas
debe ser más excitante que subirte al Dragón Khan – pero, sobre todo, un ánimo
ofensivo, injuriador; la libertad de expresión nunca puede amparar una conducta
así. La segunda parte del asunto es la verdaderamente complicada. ¿Cómo
deberían reaccionar las autoridades? Aquí las opiniones van por barrios. Cuanto
más a la derecha, más favorable a la sanción, y cuanto más a la izquierda, más
contemporizadora. Finalmente no la habrá, y la absolución, aunque de mala gana,
no deja de tener su lógica. ¿Cómo se puede castigar a alguien por ser
irrespetuoso con su propio himno nacional? Porque hay algo bastante obvio que
se ha pasado por alto: hasta el más recalcitrante de los independentistas tiene
a la marcha real como el himno de su país, de la misma forma que es
jurídicamente español y necesita de un DNI para viajar al extranjero. Sancionar
por una infracción cometida contra uno mismo siempre es peliagudo, y a menudo
poco práctico. Como acusar de un delito de lesiones a quien se autolesiona, o
de injurias a quien se insulta delante del espejo. Además, la solución al
problema del separatismo vasco y catalán no vendrá de las sanciones. Tampoco de
la inacción o el conservadurismo. Parece que algunos se limitan a rezar para
que la final de la Copa del Rey siempre la jueguen otros.
LUIS, SÉ FUERTE, AGUANTA (29/05/2015)
Para encontrar
explicaciones a las derrotas electorales, los comités ejecutivos de los
partidos escenifican reuniones con rostros muy serios, en las que el gran líder
se dirige a sus barones recurriendo al manido catálogo de excusas del mal
perdedor: no hemos sabido transmitir el mensaje, debemos estar más cerca del
ciudadano y bla, bla, bla. Esta vez no ha colado. A Mariano Rajoy se le ha
revuelto el gallinero y en el Partido Popular empiezan a oírse voces que
reclaman un cambio. Nadie ha pedido todavía la cabeza del presidente, pero
algún barón regional se ha atrevido a sugerirle que “se mire en el espejo antes
de ser candidato otra vez”. No es tan difícil. No hace falta ser un reputado politólogo
para saber la causa principal de la sangría de votos que lleva afectando al
partido de la gaviota desde las elecciones europeas: el caso Bárcenas. ¿Se
imaginan que hubiera ocurrido en el Reino Unido si David Cameron hubiese
enviado al tesorero del partido Conservador, imputado por corrupción, un SMS
con el texto “Luis, sé fuerte, aguanta”? Cámbiese a Inglaterra por Francia,
Alemania, Holanda o Noruega, y la respuesta será la misma: el primer ministro
habría dimitido ipso facto. Mariano Rajoy no lo hizo, y de esa forma dañó
irremediablemente el prestigio de su administración. El resto de la ejecutiva
de su partido y de los miembros del gobierno se desprestigiaron solos, también
por omisión: precisamente, por no pedir la dimisión de su líder. No, no es tan
difícil. Porque puede que España no sea la democracia con más solera de Europa,
pero tampoco los españoles somos unos completos analfabetos políticos. Rajoy
cavó su tumba política el día que tecleó esas fatídicas palabras, y en el mismo
momento en que lo asuma, comenzará el saneamiento de su partido. Si se tiene
por hombre sensato, debería hacerlo cuanto antes.
NUEVAS ELECCIONES, VIEJAS CAMPAÑAS (22/05/2015)
La revolución
tecnológica de los teléfonos inteligentes y las tabletas, la extraordinaria
expansión de las redes sociales y la posibilidad de disponer de conexión a
internet – perdonen la escatología – hasta cuando estamos sentados en el váter,
son todos fenómenos bastante recientes. Fenómenos que desde luego no existían, o
al menos no en la misma medida, cuando elegimos por última vez a nuestros
representantes municipales y autonómicos. ¿Qué papel han jugado estos
revolucionarios medios de comunicación en la campaña electoral que ahora
termina? Uno muy secundario, me temo. Todo ha sido un aburridísimo déjà-vu. Plúmbeos
debates televisivos a la vieja usanza. Escuálidos mítines donde la preocupación
máxima de los organizadores era que no se vieran las temibles sillas vacías.
Spots televisivos sin fuerza. Propaganda en los buzones que en muchos casos se ha
limitado a la papeleta electoral y poco más. Una falta de respeto, en mi
opinión: si quieren que conozcamos los nombres de su lista de candidatos, deberían
limitarse a ponerla en un folio y dejar la sacrosanta papeleta para el día de
las elecciones. ¿Qué ha sido de Twitter, Facebook, Youtube? Imagino que los
partidos los habrán utilizado profusamente, pero el impacto sobre los votantes
ha sido limitadísimo. Juro por lo más sagrado que mi sobrina, que cuelga
versiones de canciones grabadas con su móvil en internet, tiene más visitas en
Youtube que algunos de los grandes partidos. La conclusión es sencilla: lo
importante es el mensaje, y no tanto el medio con el que se transmite. Si no se
tienen cosas que decir o no se sabe cómo decirlas, ni la tecnología más moderna
podrá llenar ese vacío. Nuevas elecciones, viejas campañas. Por favor, no se
olviden de tirar de la cadena.
ANIVERSARIOS (15/05/2015)
Se conmemora
estos días el 70 aniversario de la rendición incondicional de Alemania, que
puso fin a la II Guerra Mundial en el continente europeo. Aunque España tuvo
una participación marginal en el conflicto, nuestro ministro de Asuntos
Exteriores acudió al campo de Mauthausen (Austria) para recordar a los 5.000
españoles que allí murieron, víctimas de un refinado sistema de trabajo forzoso
y exterminio al servicio del régimen nazi. El asunto de los aniversarios es
inacabable. Después de los 70 años se recordarán los 75, que es cifra más
redonda, y por supuesto los 80, 90, hasta llegar al siglo. Al pueblo alemán le
quedan muchos recordatorios por delante para tener que asumir su papel de
protagonista y agente causante de la mayor carnicería de la historia de la
humanidad. ¿Cómo han logrado superar semejante trauma, si es que lo han hecho
del todo? Con mucho empeño y dedicación, que es como hacen las cosas los
alemanes. Aunque imagino que la procesión irá por dentro y que algunas heridas
de aquella infame etapa de su historia no han cicatrizado del todo, hay que
reconocer la valentía de Alemania para enfrentarse a su pasado. Estoy seguro de
que una sociedad menos fuerte habría sucumbido; habría cambiado el nombre del
país, los colores de la bandera y hasta el idioma; sus regiones habrían
reclamado la independencia para escurrir el bulto y renegar del estado opresor.
Lejos de eso, Alemania vuelve a ser la locomotora del continente y líder de un
proyecto comunitario que defiende a capa y espada. Incluso el himno europeo lo
compuso un alemán. Se llamaba Ludwig van Beethoven. El Himno a la alegría,
inspirado en un poema de Schiller, otro alemán, dice: “Abrazaos, millones de
seres. Este beso es para el mundo entero. Hermanos, por encima de la bóveda de
estrellas tiene que haber un padre amante”.
BRITÁNICOS (08/05/2015)
Se empeñan en
conducir por la izquierda, en permitir que la reina sea la persona más rica del
país, en mantener su propia moneda, su propia medida en los recipientes de
cerveza y un excéntrico horario de cierre en los pubs. Podríamos seguir enumerando
peculiaridades británicas y ventilarnos el artículo en un plis-plas. Pero
tampoco es plan. La cuestión es que los súbditos del Reino Unido de la Gran
Bretaña estaban convocados ayer a las urnas - una más: ¿a quién se le ocurre
celebrar unas elecciones generales un jueves? - para elegir a sus
representantes en la Cámara de los Comunes. A pesar de que el sistema electoral
británico está diseñado para obtener un resultado nítido y favorecer el
bipartidismo – suma y sigue: para este extraño pueblo, el bipartidismo no es
malo sino eminentemente práctico – esta vez las encuestas auguran un parlamento
fraccionado que obligará a los políticos a negociar. A laboristas y
conservadores, con el tradicional apéndice simpático de los liberal-demócratas,
se les han unido esta vez los nacionalistas escoceses y una nueva formación, el
Partido de la Independencia del Reino Unido. Si esto se da en un país de rancia
tradición bipartidista como Gran Bretaña, no es de extrañar lo que está pasando
en España: con tanto Ganemos, Podemos, Seamos y demás conjugaciones verbales de
la primera persona del plural, pronto tendremos una papeleta electoral más
larga que un rollo de Scotex. ¿Qué está ocurriendo en Europa, donde florecen
últimamente más partidos que amapolas? Simplemente, que la clase política profesional
está desprestigiada y que cada vez menos votantes la creen capaz de resolver
los grandes problemas de nuestro tiempo: inmigración, corrupción, separatismo,
entre otros. ¿Cree usted que puede contribuir a mejorar el mundo? Pues funde un
partido. Quién sabe, a lo mejor le voto.
UN PUNTO AZUL PÁLIDO (01/05/2015)
¿Recuerdan,
estimados lectores, qué estaban haciendo el 14 de febrero de 1990? Personalmente no tengo la menor idea, pero sepan
ustedes – aquellos que ya habían nacido, claro - que aquel día alguien nos
estaba retratando desde la distancia, y que esa foto legendaria fue bautizada
con el poético nombre de “Un punto azul pálido”. La imagen fue tomada por la
sonda espacial Voyager 1 a 6.000 millones de kilómetros de distancia, y en ella
aparece el planeta Tierra como un minúsculo punto azulado en la vastedad del
espacio, atravesado por un rayo de luz en medio del polvo cósmico.
Sobrecogedor. La idea de realizar la histórica foto partió de Carl Sagan en
1980; el famoso astrónomo y divulgador reconocía que la fotografía quizá no
tendría demasiado valor científico, pero que podría ayudar a la humanidad a
entender mejor su lugar en el universo. Una década después y vencida la
resistencia de los administradores de la NASA, alguien pulsó un botón desde la Tierra
y la foto fue disparada. Hoy me pregunto cómo es posible haber escrito desde
esta tribuna cientos de artículos en la última década, y no haber citado jamás
“Un punto azul pálido”. Porque toda la actualidad política, económica,
científica y ecológica, todas las tragedias naturales grandes y pequeñas pueden
interpretarse a la luz de esa fotografía. La visión de la Tierra como una mota
de polvo en el espacio nos recuerda que todos somos compañeros de viaje, y que
esa condición es la que realmente importa, muy por delante de las diferencias
religiosas o culturales. Si llegáramos a asumirla en toda su misteriosa
profundidad, nos comportaríamos de forma más generosa y humilde con nuestros
semejantes. Su contemplación debería ser obligatoria en todas escuelas del
mundo. Si no la conocen, no se la pierdan. Tecleen en el buscador de internet:
un punto azul pálido. Y viajen.
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