Siempre he pelado los plátanos desde el tallo, es decir,
desde la parte que se une al resto del racimo, y siempre he pensado que todo el
mundo lo hacía igual. Hasta ayer. Djeneba, mi amiga maliense de visita estos
días en España, me vio luchar con el tallo rebelde de un plátano que se
resistía a romperse, y me preguntó en qué consistía el juego. “¿Tú qué crees?
Estoy pelando un plátano”, contesté con sorna, creyendo que se burlaba de mi
torpeza. “¿Y por qué no lo haces bien?”. Cogió el plátano, le dio la vuelta y
lo peló desde la base con sorprendente rapidez. “Aquí no lo hacemos así”,
repliqué con una mezcla de suficiencia y cara de tonto. “De hecho, jamás había
visto a alguien hacerlo como tú”. “Te digo lo mismo”, contestó. “En Africa,
estoy segura de que absolutamente nadie lo hace así”. La diferencia cultural
estaba servida. A lo mejor se trataba de un tema menor, casi ridículo, pero de
pronto noté que mi ánimo se encogía al advertir que estaba solo en aquella
cocina alicatada hasta el techo y rodeado de una obscena cantidad de
electrodomésticos, como único representante de la civilización occidental,
vieja y magnífica, pero también arrogante y colonialista con los pueblos
“inferiores” cuando se propone explotarlos y sacar tajada. Aquello apestaba a
derrota. Si un milagro no lo impedía, iba a quedar en evidencia delante de una
joven africana a la que llevaba una semana apabullando con las excelencias de
mi país... ¡por culpa de un plátano! “¿Te convences de que mi sistema es
mejor?” Djeneba saboreaba ya la victoria. Por un instante tuve la tentación de
cambiar bruscamente de tema y explicarle que el aparato donde calentábamos la
leche no era un horno normal, sino un aparato que emitía unas ondas electromagnéticas
de 2,45 GHz... Desistí. Solo quedaba perder con dignidad. “Sí, Djeneba, tu sistema es mejor”.
sábado, 18 de octubre de 2014
viernes, 10 de octubre de 2014
SINVERGÜENZAS (09/10/2014)
Hay varias clases de vergüenza. La más elemental, la que
se asocia a la timidez, es un sentimiento al que es difícil encontrarle una
utilidad. Desconozco qué misteriosa aportación ha hecho a la evolución de la
especie humana y cómo ha ayudado a aumentar nuestra capacidad de supervivencia.
A lo mejor, de puro inútil, la vergüenza de los tímidos está llamada a la
extinción. No estaría nada mal. Pero hay una segunda clase de vergüenza, y a
esta es mucho más fácil encontrarle el sentido. Consiste en el malestar que
experimentamos al realizar a sabiendas una acción injusta o en perjuicio de los
demás, apropiándonos de aquello que no nos corresponde, por ejemplo, o pasando
por encima de los derechos de otros. Que exista este segundo tipo de vergüenza
es algo socialmente muy deseable. Más allá de que existan unas fuerzas de orden
público que persigan a los delincuentes, que los ciudadanos tengan algo de esa
vergüenza actúa como un sano profiláctico contra el humanísimo instinto de
acaparar y de hacer lo que a cada uno le venga en gana. Pero enseguida surge un
problema: no todos los individuos experimentan la misma cantidad de vergüenza.
De hecho, hay algunos que carecen completamente de ella. Con un ejemplo se ve
más claro: el que preside una entidad con unos fines declarados de utilidad
social y se pone un sueldo injustificado de 3´5 millones de euros anuales, y
luego encima unas tarjetas para gastar lo que se le antoje, fuera del control
de la hacienda pública, es evidente que sufre de una ausencia absoluta de este
benemérito sentimiento. Para desgracia de la sociedad – y también del erario
público - una parte importante del sector de las cajas de ahorro en España
estaba gobernada por esta clase de individuos. Que no tienen vergüenza ni la
han conocido. Por unos sinvergüenzas.
lunes, 6 de octubre de 2014
EL CLUB DE LAS MALAS MADRES (02/10/2014)
La idea procede del mundo anglosajón y en España ha
triunfado con rapidez. El Club de las Malas Madres es un blog fundado por una
creativa publicitaria madrileña, que reivindica el derecho de las progenitoras
a no ser perfectas, a tener “pensamientos impuros de mala madre” tales como
“ojalá se inventaran los campamentos de otoño, de invierno, de primavera...
¡Queremos echaros de menos, hijos!”. O “rezar para que llueva... y no tener que
bajar con los niños al parque”. El blog se nutre de un sano humor aplicado a
los muchos momentos de culpabilidad y
agotamiento que deben soportar las madres de hoy en la crianza de sus hijos,
pero debajo del desenfado late una necesidad profunda de exteriorizar
sentimientos y experiencias, y de sentirse mejor al compartirlas. Porque las
madres están cargadas de razones. La perversa sociedad actual ha conservado
parte de los roles del pasado – las madres tradicionales, infatigables, que lo
sacrificaban todo por su prole – y les ha sumado unas exigencias laborales que
ponen a las mamás en situaciones cotidianas que rozan el surrealismo puro.
Aclaro, para quien no ha reparado en mi firma, que no soy madre. Más bien soy
ese padre “que por las noches es sordo como una tapia”, o quien,
estadísticamente, es casi imposible que “acabe echando el body en la basura y
el pañal a la lavadora”. Mi hijo tiene dos meses de vida y en estos momentos
soy como ese actor secundario que trata de no hundir la función y recordar su
frase cuando le toca. Que aguarda – con cierto temor – a que llegue el momento
de transformar el cochecito-bebé en silla de paseo, y tenga que dar un paso al
frente para manipular el diabólico artefacto. Sospecho que eso también lo
acabará haciendo mi señora. Que no sé si algún día se sentirá una “mala madre”.
Pero delante de ella me quito el sombrero.
CAJAL Y KÜLLIKER (26/09/2014)
Se cumplen 80 años de la muerte de Santiago Ramón y Cajal,
premio Nobel de medicina y el más grande científico español de todos los
tiempos. Pese al indiscutible progreso que ha experimentado este país en el
terreno de la investigación, la figura del histólogo aragonés sigue habitando
las cimas de la ciencia patria sin demasiada compañía. Decía Ortega y Gasset
que el caso de Ramón y Cajal era una vergüenza para España y no un orgullo,
porque era absolutamente excepcional. Como ven, Ortega, además de un pensador
brillante, era un cenizo también excepcional. Yo prefiero apuntarme al
optimismo porque estoy convencido de que otros premios Nobel españoles
llegarán, tarde o temprano, y porque prefiero recordar al maestro Cajal con ese
orgullo que al filósofo faltó. Uno de mis pasajes favoritos de su vida es el
del congreso de Berlín de 1889. Cajal es un absoluto desconocido que viaja a
Alemania en un vagón de tercera, sin invitación, para presentarse ante la plana
mayor de la ciencia europea y demostrarles que están en un error y que el
cerebro humano se compone, no de una retícula, sino de unas células nerviosas
llamadas neuronas. Allí se encuentra con Albert von Külliker. El histólogo
suizo es una eminencia mundial en la disciplina, pero también una persona de
una calidad fuera de lo común. Es capaz de tragarse el orgullo herido y de
rectificar sus convicciones para unirse a las de Cajal, a quien protegerá en lo
sucesivo. De golpe, ese españolito algo impertinente es uno más. Se le escucha,
se le publica y, finalmente, se le reverencia. ¿Hubiera triunfado Cajal sin la
intervención de Külliker? Vista la voluntad de acero que gastaba el aragonés es
más que probable. El suizo murió en 1905 sin lograr el Nobel. Al año siguiente,
Cajal lo recibió. Una trocito de ese premio pertenece a Külliker.
viernes, 19 de septiembre de 2014
ESCOCIA, EL DÍA DESPUÉS (19/09/2014)
Cuando lean estas líneas, Escocia ya habrá decidido
su destino. Si los independentistas han ganado, el lector tiene mi permiso para
correr al supermercado a hacer acopio de latas de fabada, patatas y otros
productos básicos no perecederos antes de que se acaben. De acuerdo, a lo mejor
estoy exagerando, pero es innegable que Europa entraría en un territorio
inexplorado, lleno de incertidumbres. Para el caso de que el separatismo haya
sido derrotado – y estoy convencido de que así será – estamos algo menos
perdidos: tenemos el precedente de la provincia canadiense de Quebec, que no
solo celebró un referéndum sino dos, en 1980 y 1995, perdidos ambos por la
causa de la secesión. El último por el estrechísimo margen de 50´58 a 49´42.
¿Qué ha ocurrido en Canadá desde entonces? Que cada una de las partes continúa
en sus trece. El gobierno de Quebec tiene la facultad de convocar un referéndum
sin contar con el gobierno central, y volverá a hacerlo cualquier año de estos.
La Constitución española no permite a un gobierno autonómico convocar una
consulta, y respecto a lo de pactarla como han hecho los británicos, nuestro
galleguísimo presidente de gobierno no quiere ni oír hablar. Personalmente,
creo que es una posición débil y poco realista. Por poquísimo que me guste el
independentismo – aproximadamente como un dolor de muelas – parece difícil
resistirse a que los catalanes voten, si así lo quieren mayoritariamente. Más
nos valdría aceptarlo y aprovechar el tiempo en establecer unas normas de juego
razonables. Que eviten dejar la redacción de la pregunta en manos de los
nacionalistas -porque no la entenderá nadie- o que exijan una mayoría
reforzada, de más del 50´01%, para una cuestión tan decisiva. ¿Demasiado
civilizado para un país como España? Desgraciadamente, sospecho que sí.
lunes, 15 de septiembre de 2014
VUELTA AL COLE (12/09/2014)
Casi todos los niños están deseando volver al
colegio en el mes de septiembre, después de un largo verano. Los adolescentes
también, aunque les cueste más reconocerlo. En los próximos días, unos y otros
disfrutarán de la agradable sensación de que el curso escolar es una hoja en
blanco, porque todos parten de la línea de salida limpios de toda mancha y con
los mejores propósitos. Apenas se habla de notas o calificaciones, y los dedos
acusadores solo se levantan contra las autoridades educativas por no haber
acabado a tiempo las obras de un colegio o por haber reducido el personal
docente a causa de los recortes presupuestarios. A medida que pasen las semanas
y los meses, las cosas cambiarán. Los profesores avanzarán en la explicación de
sus materias, complicándolas progresivamente, y llegarán los primeros exámenes.
Los libros habrán perdido ya su olor a imprenta y la melancolía del otoño
marcará una vez más la vuelta al inexorable orden de las cosas escolares: los
sobresalientes y los suspensos; los alumnos brillantes y los perezosos. Luego
vendrá el informe PISA con sus implacables ránkings que nos sacarán los
colores, y nos preguntaremos una vez más qué tipo de modelo educativo queremos
para nuestros hijos. Eterno debate. Estos días ha aparecido en los medios que
en algunas regiones de Corea del Sur, las autoridades obligarán a cerrar las
academias privadas a partir de la medianoche para hacer que los alumnos dejen
de estudiar. Su obsesión competitiva les ha llevado a ser los más aplicados del
informe PISA pero con la tasa de suicidios más alta del mundo. Al parecer, no
es oro todo lo que reluce en los ránkings. Por suerte, aquí nadie pierde la
vida por estudiar demasiado. El sol calienta todavía y los cuadernos están en
blanco. Qué bonita es la vuelta al cole.
EL DISPARATE (05/09/2014)
La independencia de Cataluña es un disparate
histórico, económico, y hasta moral. Lo primero, porque supone la ruptura de
una unión política que, en el caso de Aragón, Comunidad Valenciana y Baleares, por
ejemplo, se remonta al lejanísimo siglo XIII. Con los matices que se quieran,
de la misma agua que ha pasado bajo el puente en estos siglos hemos bebido
todos, nos quitamos el sudor del trabajo con ella, o limpiamos la sangre del
filo de nuestras espadas cuando tuvimos la mala idea de desenvainarlas, a
menudo y por desgracia, los unos contra los otros. La independencia de Cataluña
es un disparate económico, porque supondría un empobrecimiento instantáneo del
nuevo país que vería los mercados naturales de sus productos protegidos por
aranceles, y las posibilidades de financiar su gigantesca deuda reducidas a
cero. Y sería un disparate moral, porque separaría emocionalmente a millones de
personas que hoy están unidas, aún en la rivalidad, para sumirlas en un
divorcio doloroso, a cara de perro, del que no se repondrían en varias
generaciones. Esta es la realidad. A los políticos nacionalistas catalanes no
les gusta oírla, lógicamente, y a estos argumentos oponen otros. Algunos
respetables y otros no tanto. Después de salir a la luz los delitos fiscales
del ex-honorable Jordi Pujol, president de la Generalitat durante 23 años y
reconocido padre de la patria catalana, no hace falta ser una lumbrera para
advertir la coincidencia de la deriva separatista de su partido, la otrora
moderada y posibilista Convergencia Democrática de Cataluña, con el progresivo
cerco judicial a los negocios de la familia del fundador. Una tomadura de pelo
a escala nacional, y nunca mejor dicho. Un intento de manipulación que pasará a
los libros de historia. Un colofón digno del mejor disparate.
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