Al parecer, la marihuana va a dejar de ser muy pronto un producto
lúdico-subversivo y una estupenda fuente de inspiración para canciones ska-punk
y para todo tipo de merchandising donde figuren las famosas hojitas que parecen
ortigas pero que en realidad te provocan muchas ganas de reír cuando las fumas.
También, una fabulosa fuente de ingresos para los delincuentes. La última
noticia es que México acaba de legalizar su cultivo, transporte y cultivo con
fines recreativos, y que California, el gran estado norteamericano vecino, está
a punto de hacerlo. Mientras tanto, aquí en Europa, cada país sigue su propia
política, a menudo completamente contradictoria: Holanda permite la venta y el
consumo limitados a los famosos “coffee-shops”, mientras que en Noruega o
Suecia fumar marihuana es un delito mayor. El gran problema del legislador, más
allá de esta falta de coordinación entre países, es que las políticas de
represión del consumo son cada vez menos creíbles. No tiene sentido perseguir
implacablemente a la marihuana y al hachís y, al mismo tiempo, ser
completamente permisivo con el alcohol de alta graduación, una bebida con unos
efectos potencialmente más dañinos para la salud. Otro de los argumentos que se
ha manejado a menudo es el de la relación directa entre delincuencia y tráfico
de drogas. Despenalizadas éstas, descenderían drásticamente los índices de
criminalidad. Personalmente, esto me parece mucho más dudoso. ¿Qué harán los
narcotraficantes de marihuana cuando se queden sin negocio? ¿Apuntarse al paro?
¿Hacer cursos de fontanería? Me temo que cambiarán esa sustancia por otra cuyo
tráfico sea, como mínimo, tan ilegal y lucrativo. Veremos hacia dónde van los
tiros por aquí. De momento, ya saben lo que dicen las etiquetas: consuman con
moderación.
martes, 26 de abril de 2016
EL CARRUSEL (23/10/2015)
En el carrusel de la política, un día eres el hombre de moda y al
siguiente eres el guiñol al que todos pegan con el garrote con cualquier
excusa. Que se lo digan a Pablo Iglesias. Hace unos meses se comía el mundo con
patatas y hoy su coleta parece un postizo barato, a su espalda le ha salido
chepa, y su estado de ánimo se define como “cansado”. Las encuestas decían que
Podemos era la primera fuerza política de España y su líder se lo creyó. Hoy,
recostado en el diván de algún especialista, se pregunta qué hizo mal. El
carrusel también ha girado para Mariano Rajoy. Del balcón de Génova, en loor de
multitudes peperas, ha caído al sótano de la impopularidad, a las catacumbas
sombrías donde se agazapa Bruto, daga en mano, dispuesto a hundirla en los
intestinos gallegos del presidente. Y qué me dicen de Pedro “Ken” Sánchez.
¿Alguien sabe si este hombre se ha dado un golpe con el quicio de una puerta
recientemente? El fichaje de Irene Lozano, fallida aspirante a la dirección de
UPyD, el partido favorito de las elecciones al inframundo, ¿no es el peor
movimiento estratégico de un político español en los últimos 150 años? Y ya que
hablamos del partido rosa, el carrusel de Rosa Díez ha girado con tanta fuerza
que en estos momentos debe estar a punto de abandonar el sistema solar. Y falta
Albert Rivera. A él los dioses le han tocado con la varita, y su estrella
brilla hoy como ninguna otra en el firmamento político español. Joven,
renovador, dialogante, convincente… Venga ya. Algo tendrá que tener. Sus
enemigos, la esperanza de que un día se atasque en una frase y no sepa cómo
continuar. Que no pasen pena. El carrusel girará también para él y un día será
comida para los buitres. Como no es un advenedizo, es probable que ya lo sepa. Mientras
tanto, se conforma con ser el próximo presidente del gobierno.
ANIMALISMO (09/10/2015)
A la fiesta de los toros le ha llegado su hora. Súbitamente, sin grandes
debates ni reflexiones – así somos los españoles, para bien y para mal – la
tauromaquia ha dejado de ser un arte de hondas raíces culturales y estéticas,
para convertirse en una una salvajada impropia de países civilizados. Creo que
el pensamiento animalista ha prosperado extraordinariamente gracias a las redes
sociales, convertidas en una gran plaza pública donde sus tesis se defienden
con fiereza – a menudo, también, con notable agresividad – y en la que hay que
ser un valiente para echarse al ruedo a defender cualquier otro punto de vista
que no sea la defensa a ultranza del animal: toro, perro, gato o primate. Que
el lector no vea ni un asomo de ironía, por favor. Como cualquier persona
sensible y con dos dedos de frente, pienso que la mejora en el trato que
dispensamos a los animales es una de las muestras más evidentes de nuestro
progreso como especie, en un sentido moral y filosófico. Por esta razón, hace
años que sé que las corridas de toros desaparecerán, más pronto que tarde,
porque dejarán de ser compatibles con la nueva sensibilidad. Ahora bien, mi
animalismo se parece muy poco al que veo a menudo en facebook o twitter. Porque
muchas veces no dice, o no entiende, la verdad. El taurino no es una persona
morbosa, que disfrute contemplando el dolor del animal. Porque la esencia de
los toros no reside en la violencia o en la crueldad, aunque pueda ser
considerado un espectáculo cruel. El aficionado admira al toro bravo, ¡lo
idolatra!, y el antitaurino que no entienda esto, no sabe a lo que se enfrenta.
Hace años que no piso una plaza y quizá nunca vuelva a hacerlo. Pero que no
cuenten conmigo para ilegalizar los toros, perseguirlos o convertir a sus
partidarios en una panda de desalmados.
viernes, 18 de diciembre de 2015
LENTEJAS (18/12/2015)
El próximo domingo, los españoles elegimos a nuestros representantes
políticos en el parlamento de la nación y, al mismo tiempo, decidimos sobre el
futuro de unos cuantos cientos de compatriotas que aspiran a ganarse la vida en
la profesión política. Es decir, que además de los ideales, están en juego las
lentejas. Como somos un país de tradición católica en el que hablar de dinero
está mal visto, tendemos a olvidar esta prosaica realidad que, en ocasiones,
ayuda a explicar algunos comportamientos que juzgamos desvergonzados o
directamente deshonestos. En estos días, circulaba por las redes sociales un
vídeo en el que Toni Cantó, por entonces conspicuo militante de UPyD, ponía de
vuelta y media a los que abandonaban su partido para unirse a Ciudadanos. “A mí
estos cambios me producen cierto pudor. Me costaría hacer una cosa así.”, decía
entonces el conocido actor, hoy número dos por Valencia en las listas del
partido de Albert Rivera. No es mi intención atacar a Toni Cantó, ni dejarle en
evidencia. Me limito a constatar que el factor económico, un magnífico sueldo
durante cuatro años y quién sabe si más, es un argumento tan poderoso como la
ideología. Por otro lado, no me cuesta demasiado ponerme en el pellejo de un
artista como Cantó, porque conozco bien la desagradable incertidumbre que jamás
abandona a los de su condición y que te hace preguntarte de qué vas a comer
pasado mañana. Por tanto, antes de lanzarme a la yugular, encuentro más honesto
preguntarme: ¿sería yo capaz de hacerlo? Humm… veamos: lentejas aseguradas para
una década, una profesión interesante, mis padres, al fin orgullosos de su
hijo, mi mujer, mucho más comprensiva con mi falta de puntería en el retrete…
Vaya dilema. Menos mal que nadie me lo ha propuesto. Porque se me iba a caer la
cara de vergüenza.
viernes, 11 de diciembre de 2015
EL TIEMPO DE LOS DESENGAÑOS (11/12/2015)
Los líderes
políticos son como los entrenadores de fútbol: disfrutan de momentos de gloria,
pero a todos sin excepción les llega la caída. En el caso de una actividad tan
poco sofisticada como el fútbol, el azar interviene para que tarde o temprano
se dé la combinación fatal de resultados que lleven a la destitución del
entrenador. En el caso de la política, el problema reside en una falsa ilusión
que se repite una y otra vez. El ciudadano cree que los políticos pueden - ¡y
deben! – hacer que desempleo baje, los sueldos suban, los precios bajen, los
servicios sociales lo cubran todo, y que la sanidad y la educación sean
gratuitas, universales y de alta calidad. Una tarea titánica y, por desgracia,
irrealizable. Fatídicamente, la ilusión por todos los proyectos políticos
renovadores acaba desvaneciéndose y sus líderes arrinconados en alguna sinecura
oficial, desprestigiados y viviendo de la gloria pasada. Cualquier político
profesional conoce este destino, pero el ansia de poder es más fuerte. Su mayor
irresponsabilidad consiste en hacer promesas que no podrán cumplir –
obviamente, para lograr los votos necesarios - en lugar de plantear los
problemas de una forma más realista. Por ejemplo, reconociendo que para que una
sociedad mejore, sea más productiva y más pacífica, se requiere el esfuerzo
individual de cada uno de sus miembros. Que el político puede crear las
condiciones que favorezcan la prosperidad, la justicia social o la igualdad de
oportunidades, pero jamás podrá por sí solo conseguirme trabajo, dar un giro a
mi negocio o mejorar mi formación. Todo esto lo tendré que hacer yo, y esa será
mi responsabilidad. Lógicamente, este discurso no existe, y menos aún en estos
días. Hoy los políticos prometen y los votantes nos ilusionamos. En el fondo,
la campaña electoral es una fiesta. Disfrutémosla. Ya llegará el tiempo de los
desengaños.
lunes, 7 de diciembre de 2015
BERTÍN (05/12/2015)
La presencia de Pedro Sánchez y Mariano Rajoy en el programa de
entrevistas “En tu casa o en la mía” ha sido el espaldarazo definitivo a su
éxito. Bertín Osborne es el hombre de moda. Los directivos de las cadenas se preguntan
cómo podrían repetir el milagro de un 24% de share con un producto tan barato.
Los políticos de segunda fila maquinan para que el jerezano les invite, y que
toda España vea lo divertidos que son después de tomarse un par de vinos. La progresía
patria, que le tiene bastante tirria por aquello del señorito andaluz y el
apellido pijo, se devana los sesos para no desgastar demasiado las palabras
“caspa” y “rancio”, que les son tan queridas. Sospecho que a Bertín estas
críticas le traen al pairo. Después de recorrerse los escenarios de toda España
durante casi 40 años como el latin lover nacional, ha acumulado la experiencia
suficiente para saber que es imposible gustar a todo el mundo y que el éxito
siempre granjea enemigos, aunque seas el tipo más simpático del mundo. Y luego
está el casoplón, la guapa mujer venezolana, sus hijas estupendas, el metro
noventa, la sonrisa de pícaro conquistador... Los motivos para despertar
envidia se le amontonan. Personalmente, no me cuesta nada alegrarme de su
éxito. Por encima de sus cualidades musicales, que tampoco desdeño, o de su porte
de galán clásico, siempre he valorado su personalidad. Bertín es un tipo que no
se esconde, que dice lo que piensa y que no va por ahí criticando al personal.
Cuando en la vida le han venido mal dadas -en ese justo momento en que se sabe
de qué pasta está hecho cada uno- ha sido coherente y ha plantado cara. Lo
demostró en uno de los episodios de su programa, cuando apareció junto su hijo,
afectado de una grave enfermedad. Lo hizo con naturalidad. Con valentía y sin
alardes. Como lo hacen las personas de bien.
domingo, 29 de noviembre de 2015
CULTURA (27/11/2015)
El mejor antídoto contra la violencia es la cultura. Una de las causas
más probables de la desaparición del espíritu guerrero en las sociedades
europeas fue la generalización de la cultura. El cultivo de las artes dejó de
ser un monopolio de las élites y, casi al tiempo, a los jóvenes europeos se les
enfrió el ardor patriótico y dejaron de considerar a la guerra como una
actividad honorable y propia de caballeros. Desgraciadamente, el conflicto
sirio - por poner un ejemplo de dramática actualidad - no se arregla con
exposiciones de arte contemporáneo o cursos de escritura creativa. La cultura
es una planta de crecimiento lento y solo se desarrolla en un ambiente
propicio, empapado de libertad y tolerancia. Eso es algo que sabe muy bien
alguien como Daniel Barenboim. El afamado director de orquesta lleva años
utilizando la música para acercar a jóvenes israelíes y palestinos, inyectando
una dosis de cultura en el corazón de uno de los conflictos políticos más enconados
de todos los tiempos. Aparentemente, una gota en el océano; en una realidad más
profunda, una apuesta por la paz con repercusiones insospechadas. Esta semana,
el conservatorio de Alcañiz acoge a un grupo de estudiantes suizos en el marco
de un intercambio cultural con el conservatorio de Ginebra. Afortunadamente,
las relaciones entre el Bajo Aragón y el cantón ginebrino no pueden ser más
pacíficas. Sin embargo, eso no resta valor a la iniciativa. A buen seguro, la
experiencia de convivencia entre suizos y alcañizanos será enriquecedora y
dejará una huella imborrable en unos y en otros. Cultura de paz, en definitiva.
El viernes por la tarde, además, un magnífico concierto en el teatro de
Alcañiz. Por una bendita casualidad, mi sobrino Julio, alumno del conservatorio
de Ginebra, formará parte de la orquesta. Comprenderán que no pienso
perdérmelo.
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